


Desahucios en Málaga: las historias que no cuentan las estadísticas
Victoria Barceló


Durante 2025 se practicaron 1.136 desahucios en Málaga mediante un procedimiento judicial, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La cifra equivale a 22 desahucios por semana y 4 por día.
Pero una estadística no refleja lo que sucede dentro de cada vivienda, donde muchos son vulnerables. No dice cuántas personas habitaban en ella, si había menores, personas mayores o dependientes, cuánto tiempo llevaban allí ni qué ocurrió después. Paradójicamente son "legales" pero todas luces injustos. Porque cada caso es diferente y no se puede medir a todos por el mismo rasero.
El problema es cuando todo este engranaje está deshumanizado, porque pone al dinero por encima de las personas siendo indiferente al dolor y suifrimiento que ocasiona. En estos tiempos cambiantes y acelerados tambien estamos en el momento de "humanizar" todos los aspectos de la vida, de poner al ser humano y su bienestar como objetivos a lograr socialmente, no solo para unos pocos. El desahucio ayer de Maricarmen es un caso escandaloso de falta de empatía y valores por parte de los ejecutores que están amparados por la ley, pero no por la justicia y protegidos por un sistema violento cuyo maximo valor es el dinero y su metodología la violencia de todo tipo.


Vamos a relatar brevemente las historias detras de estos desalojos, algunos de los casos que han trascendido a los medios informativos que son pequeñas pinceladas de una realidad mucho más amplia.
Uno de los episodios más numerosos fue el de las 62 familias de Manilva, desalojadas el 24 de marzo. El procedimiento afectó a cerca de 400 personas incluidos niños de hogares que llevaban años residiendo en esas viviendas. Entre las personas afectadas personas con situaciones de especial vulnerabilidad.
Algunas de las familias decidieron contar públicamente su situación y reclamar una solución antes del desalojo. Sus testimonios mostraron que para muchas de ellas aquellas viviendas no eran un alojamiento provisional, sino el lugar donde habían construido su vida.
En Alameda, otro caso puso el foco sobre Fran Custodio, un hombre de 64 años con una enfermedad degenerativa y una discapacidad reconocida del 93 %. Su vivienda estaba amenazada por un procedimiento promovido por Robusto Capital debido a una deuda heredada. La situación provocó una movilización vecinal y finalmente el pueblo consiguió reunir alrededor de 40.000 euros para intentar evitar que perdiera su casa. En febrero, la amenaza de desahucio había conseguido detenerse.
Su historia muestra también una diferencia importante: no todas las personas que aparecen en las noticias por un desahucio terminan siendo desalojadas. Algunas consiguen aplazarlo, suspenderlo o encontrar una solución.
Fue lo que ocurrió en Málaga capital con Almudena y su familia. Almudena llevaba viviendo desde 2003 en una vivienda protegida municipal junto a su marido, su hijo y temporalmente su nieta. El marido padece esquizofrenia. El desahucio estaba previsto para el 17 de marzo, pero finalmente fue suspendido después de que Almudena firmara un compromiso para abandonar posteriormente la vivienda, mientras anunciaba que continuaría reclamando su derecho a subrogarse en el contrato.
También durante esos meses se hizo visible la situación de las familias de Avenida de Europa 15, en Huelin tras ser comprado su edificiio por la empresa Gesslau, En el edificio, varias familias llevaban décadas habitando sus viviendas y algunas incluso pertenecían a generaciones diferentes de una misma familia. La compra de buena parte del inmueble por una nueva propiedad abrió un conflicto por la continuidad de los alquileres y generó temor a futuras expulsiones. En marzo, las familias se movilizaron para defender su permanencia.
Algunas personas que estuvieron o están en riesgo de perder su vivienda hicieron pública su situación. Es el caso de Tita Mari, una vecina de Málaga de 65 años que vivía con su hijo dependiente, de 45. Su desahucio, aplazado en varias ocasiones, finalmente se ejecutó el 10 de abril de 2026, después de una concentración de vecinos y colectivos que intentaron impedirlo. Tita Mari había reclamado una alternativa y explicaba que percibía unos 730 euros mensuales y que quería poder pagar un alquiler social.
El 27 de julio Mariló de 62 años y Javier de 63 fueron desahuciados, en la calle La Unión, tras un primer intento aplazado en junio. Ambos son pensionistas con grados de dependencia reconocidos y llevaban más de diez años en el piso
Humanizar los datos, no significa publicar los nombres de los afectados, ni exponer su intimidad. Significa ser conscientes de que cada lanzamiento es único y contiene una historia que es mucho mas que una cifra, es una intencion, un sueño, un futuro, el de un ser humano como tu y como yo, que habitamos tiempos revueltos.
La movilización social y la solidaridad también forma parte de la historia
Las estadísticas no recogen las situaciones en las que una vivienda consigue conservarse gracias a la movilización social, la solidaridad vecinal y la organización colectiva.
En Málaga, organizaciones como el Sindicato de Inquilinas de Málaga, la PAH, Un Techo por Derecho y Málaga Para Vivir han participado en la defensa de personas amenazadas con perder su hogar. Concentraciones, acciones ante los juzgados, negociaciones con propietarios, asesoramiento y búsqueda de alternativas forman parte de una respuesta colectiva que no aparece en los datos oficiales. Todas estas acciones son pacificas y noviolentas. Y en muchos casos eficaces.
Estas movilizaciones han permitido ganar tiempo, suspender un desalojo, abrir una negociación o encontrar una alternativa habitacional. Son situaciones que pueden cambiar el desenlace de un procedimiento, pero que no quedan reflejadas en las cifras del CGPJ.
Los desahucios de Málaga y provincia son una cifra ingente, pero las vidas que hay detrás lo son mucho mas.
También forman parte de esta historia las viviendas que se lograron conservar gracias a la solidaridad y al activismo de quienes acompañaron a las personas que estuvieron a punto de perderlas.











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