La Ley del más fuerte : la última enfermedad social (2ª parte)

( Ensayo mínimo y crítico sobre Derecho y Justicia mal aplicados en el mundo)
Opinión26/08/2026RedacciónRedacción

ley por fuerza

Por Patrocinio Navarro Valero 

II

¿ Qué enfermedad padece el Derecho?

Si me conformase con una buena conciencia social, querría que fuese mejor que la de todos esos funcionarios de la llamada justicia que sueltan a troche y moche a culpables que ellos reconocen y castigan o enrejan por mucho tiempo a otros cuya culpabilidad es más que dudosa o consiste en pequeños delitos -que serían mínimos o nulos con abogados caros - o simplemente por haber expresado lo que piensan en contra de lo que estos señores quieren proteger. Así actúa muchas veces el Derecho, que es expresión de leyes cambiantes ejercidas por los funcionarios de poderes cambiantes mayormente activos sobre desposeídos de poder obligados a acatarlas por orden judicial. Y estos sí que son siempre los mismos, o sea, "los de abajo".

"Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo", escribió desde la suya nuestro poeta oriolano desde su buena conciencia social apoyada en los cimientos del amor, no en los códigos volátiles impuestos por el Derecho del fuerte. Pero ¿acaso le eximió esta buena conciencia social nacida del amor- que siempre exime de encarcelar o ser guardián de barrotes- acabar entre ellos su vida? “ Justicia” fascista. Y esa es la que se quiere hacer prosperar en estos tiempos perversos.

Y por la experiencia de Miguel, o la del rapero Hasel, encarcelado hoy por practicar su derecho a la libertad como sucede con tantos otros en otras partes, parece que tener una conciencia social pobretona, desmemoriada, y por supuesto, tener mala conciencia, o tenerla ignorante, y andar calladito por el mundo aunque veas a atropellado o desahuciado a tu vecino injustamente, parece harto más seguro y menos peligroso que tener una conciencia social respaldada por el amor al llamado"Otro" (al fin, parte de uno mismo , pero cuidado con estas expresiones ante los que tienen que juzgar) .

"No juzguéis y no seréis juzgados", nos dijo hace dos mil años el Cristo-Guía desde su conciencia total basada en Su amor infinito que Le proporcionó dolor, traiciones, juicio y asesinato,legal,por supuesto y basado el Derecho,  al mayor defensor de la Justicia,  al Ser más puro que ha pisado esta miserable mundo. Ya nos advirtió a los que sentimos inclinación hacia lo mismo: "Si a Mí me fue mal, ¿cómo esperáis que os vaya a vosotros"?

Así podríamos seguir enumerando desde Sócrates hasta cualquiera de los cientos de miles de seres humanos de pensamiento libre que la sociedad desmemoriada, ignorante, malvada  y representada por códigos legales y malvados  que nada tienen que ver con las leyes del amor,la compasión o la misericordia, ni, por supuesto, con la justicia, juzga, condena y sacrifica a humildes poseedores de conciencia moral, social o cristiana anticlerical y sin iglesias .

El amor convertido en conciencia moral y activa y con el único  fin de defender la verdad es perseguido, pues, como un mal social. Trabajo inútil, por cierto, porque sobre la mentira adquiere las mismas propiedades de un corcho sobre el agua: aunque se le sumerja una y otra vez, resurge una y otra vez la verdad, aunque tengan que pasar siglos.


Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo.

Y por su historia de norte a sur y de este a oeste. Se arrastran por la historia del mundo como una pesadilla y como un testigo incómodo de la maldad de sus constructores. Un mudo (?) testigo de hormigón enrejado por el que se asoma el rostro de un hermano nacional o inmigrante, y que viene a ser a la postre el rostro sucio de un país y hasta de una determinada civilización su rostro impresentable.
Si una cárcel se llena de disidentes políticos hoy, sabemos dónde estamos; si se llena de negros pobres, sabemos dónde estamos; si es de presos con trajes naranja, sabemos dónde.
En cuanto un preso se asoma por entre los barrotes de una prisión cualquiera no sólo adquirimos un amplio conocimiento sobre la geografía del horror del mundo, sino sobre las dimensiones cambiantes de los Derechos, cuyos cambios precisamente evidencian la poca consistencia que tiene la palabra Justicia aplicada por unos seres humanos contra otros.

¿Era justo que Jesús fuese detenido, torturado y asesinado tan vilmente , como luego Gandhi o Luther King, o el apartheid y que Mandela estuviese en prisión tantos años o Lula condenado siendo inocente ? ¿ No existe ya más ley que la Ley de la Selva? Mejor no preguntar a Trump o a Netanyahu o a uno cualquiera de sus discípulos en cada continente, que se ríen de la Justicia y se amparan en el Derecho a medida.

 ¿ No hay tribunal capaz de detener la masacre de Palestina o enjuiciar a un gobernante que rapta al presidente de un país soberano como si tal cosa ? Ya no.

Ahora mismo, una mujer afgana pueda ser maltratada legalmente por su pareja o una niña marroquí condenada a casarse con su violador. Tantos ejemplos...¿Es justo que existan cientos de miles de niños esclavos o soldados forzosos y niñas esclavas sexuales?..Tantos (malos) ejemplos)...Y no se altera el pulso de ningún malvado.

Derecho y justicia, ¿cuándo habrán de encontrarse? ¿ Lo llegaremos a ver en esta generación? Mi abuela, me dijo un día muy seria: “ Llegará el día en que los vivos envidiarán a los muertos”. Nunca me olvidé de esas palabras, pero tampoco del ejemplo del corcho que flota sobre el agua. Creo en la Justicia, en la divina, no en las de usar y tirar. En estas, no. Creo que Dios es justo, y los demás, según y cómo.De eso cada uno sabe en su corazón.

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