
Luchar contra la venganza es luchar contra el sistema y su estructura en su totalidad
Redacción


Por Fulvio De Vita
Las palabras de Silo[1] representan el punto de partida de un estudio profundo que cuestiona uno de los mecanismos más arraigados y persistentes de la cultura occidental actual: la venganza. Un tema ancestral, pero lejos de estar obsoleto, que impregna las relaciones entre individuos y pueblos.
La pregunta es radical: ¿se puede realmente vencer la violencia con más violencia?


El canal de YouTube “De la Venganza a la No Violencia” se creó para compartir esta reflexión con un público más amplio, a través de análisis y contenido dedicados a un tema que nos concierne a todos: ¿cómo reaccionamos ante una injusticia, una ofensa o una pérdida?
La respuesta más común, a lo largo de la historia de la humanidad, especialmente en la llamada cultura occidental, ha sido a menudo la retribución: «Me hiciste sufrir, así que tú debes sufrir». Una lógica aparentemente natural, considerada necesaria para restablecer el equilibrio. Pero este es precisamente el meollo del problema.
La lógica de la venganza
Cuando una persona o un grupo sufre violencia, se produce una fractura. Algo se experimenta como perdido, amenazado o vulnerado: seguridad, dignidad, confianza, identidad.
El sufrimiento busca entonces una forma de aliviar este estado, y la venganza ofrece una respuesta inmediata: identificar a un culpable y castigarlo.
Así, se crea una estructura compuesta por tres elementos: el ofendido, el culpable y el vengador. El ofendido percibe una ruptura en el equilibrio sobre el que había construido su existencia; el culpable se convierte en aquel a quien se le atribuye la causa del sufrimiento; el vengador tiene la tarea de restablecer el equilibrio mediante el castigo.
El mecanismo puede parecer natural: si alguien me ha hecho daño, debería sufrir el mismo daño. Pero es precisamente esta equivalencia lo que constituye el problema.
La creencia de que el sufrimiento ajeno puede compensar el propio conduce a la reproducción de la violencia en lugar de superarla. Se responde a la violencia con más violencia, creando nuevo sufrimiento y, a menudo, nuevos motivos para continuar el conflicto.
La venganza promete curar una herida, pero en realidad la mantiene abierta.
Una cultura del castigo
Una investigación del Centro de Estudios Humanistas “Salvatore Puledda” buscó comprender por qué este mecanismo está tan arraigado, particularmente en la cultura occidental.
El estudio exploró la psicología, la filosofía, la religión, la historia y los sistemas legales, con el fin de comprender cómo se formaron conceptos como la culpa, el castigo, la deuda, el honor y la identidad.
La ofensa, de hecho, no siempre se limita a lo que ha sucedido. Puede experimentarse como una amenaza a la identidad. Una persona o grupo que se siente humillado, deshonrado o privado de algo fundamental puede sentir la necesidad de restablecer su equilibrio castigando a quienes considera responsables.
En este sentido, la venganza no es simplemente un acto impulsivo. Se sustenta en una creencia profunda: que hacer sufrir a otro puede aliviar el propio sufrimiento.
Y es precisamente esta creencia la que la investigación nos invita a cuestionar.
La paradoja de la venganza
Si la violencia inicial genera sufrimiento, ¿por qué pensar que una mayor violencia puede eliminarlo?
El castigo puede proporcionar una sensación inmediata de compensación, pero no necesariamente resuelve el sentimiento de pérdida, carencia o desequilibrio que originó el deseo de venganza. De hecho, puede generar nuevas contradicciones y sufrimiento.
El problema se hace aún más evidente cuando la lógica de la venganza se traslada del ámbito individual al colectivo. Una ofensa sufrida por un grupo puede transmitirse de generación en generación, convirtiéndose en parte de la memoria y la identidad colectivas. El conflicto ya no se centra simplemente en lo sucedido, sino en la propia identidad.
Así es como la venganza puede transformarse en un sistema cultural.
Comprender este mecanismo, entonces, implica preguntarse si es posible interrumpirlo.
De la venganza a la reconciliación
Superar la venganza no significa negar la injusticia, olvidar el dolor ni justificar al perpetrador de la violencia. Significa buscar una respuesta capaz de evitar reproducir la misma violencia.
En la investigación, se consideraron diversas respuestas al sufrimiento causado por la ofensa: desde la desesperación hasta la venganza, desde el perdón hasta la reconciliación, e incluso la acción transformadora.
Entre estas posibilidades, la no violencia representa una opción particularmente significativa porque cuestiona la lógica de la restitución en su raíz. La noviolencia no significa pasividad. Significa rechazar la idea de que para detener la violencia es necesario ejercer más violencia.
¿Es posible reconocer el mal, defender la propia dignidad y buscar la justicia sin transformar al otro en un enemigo a destruir?
Comprender la venganza también significa comprender el sistema cultural en el que vivimos. Si la violencia está respaldada por creencias y patrones de comportamiento, cambiar esos patrones puede allanar el camino para la transformación.
Un canal para difundir la investigación
Es en este espacio donde se sitúa el canal de YouTube De la venganza a la noviolencia, una herramienta para dar a conocer esta investigación y ofrecer a un público más amplio materiales, reflexiones y conocimientos sobre la relación entre venganza, violencia, reconciliación y noviolencia.
El objetivo no es simplemente hablar de venganza, sino entender cómo funciona para imaginar una respuesta diferente.
El punto de partida puede ser una pregunta personal:
¿Qué pasa dentro de mí cuando sufro una ofensa?
¿Por qué somos llevados a pensar que el sufrimiento de los demás puede compensar el nuestro?
¿Podemos construir relaciones y sociedades en las que la justicia no requiera venganza?
El desafío es, por tanto, pasar de la necesidad de restituir el dolor a la posibilidad de interrumpirlo.
Porque luchar contra la venganza significa también luchar contra el sistema cultural que sigue alimentándola.
[1] Silo, “Encuentro con un grupo de estudio” (Grotte Santo Stefano, Italia, 6 de mayo de 2008), Parte 2, material inédito
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