


Las Palmas de Gran Canaria: un paseo por el tiempo en el Día Mundial del Reloj
Juanjo Florensa


Hay ciudades que se descubren mirando sus fachadas y otras que también merecen escucharse. En Las Palmas de Gran Canaria el visitante puede recorrer Vegueta siguiendo un hilo singular: El Tiempo. Un reloj monumental en su catedral, una calle que conserva su recuerdo con el nombre “Calle del Reloj” y de un relojero como es Don Pedro Macías Falcón.

En un sugerente paseo para conocer este barrio histórico. El nombre del barrio de Vegueta procede del diminutivo de “vega” que era una pequeña extensión de terreno llano y fértil que existía junto a la desembocadura del barranco de Guiniguada, un espacio favorecido por la presencia de agua y protegido por las características naturales del terreno.


Fue allí donde el 24 de junio de 1478 -Festividad de San Juan Bautista- el capitán castellano Juan Rejón estableció el llamado Real de Las Palmas, campamento militar que acabaría convirtiéndose el primer asentamiento castellano en el Atlántico y en el núcleo fundacional de la actual ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
El Día Mundial del Reloj y el Reloj de la Catedral
El sábado 10 de octubre de 2026 es el “Día Mundial del Reloj” constituyendo una ocasión perfecta para reivindicar ese patrimonio. La celebración conocida internacionalmente como World Watch Day estrenó su primera edición el 10 de octubre de 2025. Su presentación tuvo lugar en el mes de abril durante la feria Watches and Wonders de Ginebra, impulsada por una asociación que reúne instituciones culturales y organizaciones relojeras.
Entre sus promotoras destaca Aurélie Streit que es vicepresidenta de la “Fondation de la Haute Horlogerie (FHH”) y una de las principales impulsoras del World Watch Day (Día Mundial del Reloj)». ¿Por qué el 10 de octubre? La respuesta aparece en los escaparates: las agujas de los relojes suelen colocarse a las 10:10. Esa disposición permite apreciar la esfera destacándose la marca del reloj y sugiriendo una especie de sonrisa.

El calendario reproduce ese simpático gesto mediante el 10/10. En 2026 que es la segunda edición incorpora el lema «El tiempo como patrimonio vivo», una invitación a reconocer a quienes crean, conservan y transmiten estos conocimientos. Ese reconocimiento tiene un antecedente fundamental: en diciembre de 2020 la UNESCO inscribió - en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad “El Arte de la relojería mecánica y la mecánica artística”- presentado conjuntamente por Francia y Suiza.
Se valoran saberes transmitidos entre generaciones, donde precisión, paciencia, creatividad y destreza convierten engranajes y muelles en instrumentos capaces de medir nuestra existencia. En Las Palmas de Gran Canaria este espíritu encuentra un escenario privilegiado en la Catedral de Santa Ana que recibe su nombre en honor a la Patrona de la ciudad y sede de la Diócesis de Canarias. Su construcción comenzó en 1497 y atravesó diferentes etapas: el interior combina soluciones góticas y renacentistas, mientras la fachada ofrece una monumental imagen neoclásica.
Delante se extiende la plaza de Santa Ana concebida como centro religioso y administrativo, con las Casas Consistoriales, el Palacio Episcopal y la Casa Regental. Aquí, levantar la mirada hacia el reloj significa acercarse a una historia de comercio atlántico y tecnología europea. Según la investigación de Gustavo Alejo Trujillo Yánez y Daniel Sanz Platero, publicada en Res Mobilis, la maquinaria histórica fue adquirida en Londres a Higgs & Evans y llegó en 1775, mediante la intermediación de la casa Cólogan. Viajó primero a Tenerife y después a Gran Canaria, cuidadosamente embalada en cinco cajones.
Su instalación exigió construir un soporte y un pequeño recinto protector. El mecanismo de estructura vertical conocida como reloj de jaula encastillado, utilizaba pesas, péndulo y engranajes para regular la marcha y accionar la sonería. Su inscripción, «Higgs y Diego Evans, Londres», recuerda la proyección internacional de los fabricantes británicos. Durante generaciones, aquellas campanadas hicieron del tiempo un servicio compartido: la ciudad podía organizar sus jornadas sin disponer de un reloj en cada casa.

La Calle del Reloj y Don Pedro Macías
La maquinaria del Reloj de la Catedral de Santa Ana ocupó inicialmente el hastial de la nave de la Epístola. Hacia la década de 1850 fue trasladada a la torre norte. Su emplazamiento anterior dejó una huella que todavía podemos recorrer en la conocida como la Calle del Reloj que según datos aportados por Juan José Laforet – Cronista Oficial de Las Palmas- en su publicación “Vegueta-Nomenclátor con Historia” la describe como la situada entre las calles de Obispo Codina y Dr. Chill.
Siglos atrás era un callejón estrecho que en parte se amplió al reformarse la fachada de la Catedral, recibiendo este callejón el nombre de “Vendederas” al utilizarse como mercadillo público de abastos siempre muy concurrido y ruidoso. La modernización llegó en 1995 cuando la firma burgalesa de Antonio Cano instaló un reloj digital.
El 26 de julio se celebró la recuperación del sonido de las campanas. Conviene distinguir ambos hechos: la antigua máquina inglesa, ya inactiva desde al menos los años ochenta, no fue rehabilitada para prestar nuevamente el servicio horario. El paseo por Vegueta adquiere una dimensión especialmente humana cuando nos detenemos en el número 6 de la calle Herrería.

Allí encontramos a don Pedro Macías Falcón, toda una vida vinculada a este apasionante mundo en la Relojería Miriam. Tuve la oportunidad de conocer personalmente a don Pedro y compartir con él una agradable conversación entre relojes, mecanismos y recuerdos acumulados durante décadas. Como testimonio de aquel encuentro pude hacerle entrega de una bandera de Melilla y del cartel oficial del Día Mundial del Reloj, que desde entonces ocupa un lugar especial expuesto en una de las vitrinas de su establecimiento.
No resulta extraño que Don Pedro Pedro haya merecido también un espacio en el libro “Gabinete de Curiosidades de Las Palmas de Gran Canaria” de Eduardo Reguera; donde su relojería aparece descrita como un fascinante establecimiento con verdadero aire de museo. Y así se percibe al entrar que no estamos únicamente ante un comercio, sino ante un pequeño santuario dedicado a la medición del tiempo, lleno de piezas, historias y recuerdos.
La propia trayectoria de don Pedro explica buena parte de ese encanto. Nacido en Arucas el 16 de enero de 1942 comenzó siendo todavía un niño a los ocho años a familiarizarse con los secretos de la relojería. Sus primeros pasos profesionales los dio como aprendiz junto a su primo José González Henríquez, en el establecimiento que este regentaba en Tenoya.
A partir de entonces fue construyendo una dilatada carrera profesional en un oficio que exige paciencia, precisión y extraordinaria habilidad manual. Durante diez años trabajó para la prestigiosa marca Citizen, experiencia que contribuiría decisivamente a completar su formación como relojero. Llegaría después el momento de emprender su propio camino.
Primero se independizó profesionalmente en Arucas y posteriormente trasladó su actividad a Las Palmas de Gran Canaria instalándose inicialmente en la calle Doctor Chil hasta establecerse finalmente en la histórica calle Herrería en pleno corazón de Vegueta. En su palmarés comenta con orgullo haber reparado el reloj de la Iglesia de Teror y el de la Consejería de Hacienda en la Plaza de Santa Catalina.
El Turismo Horológico: Una nueva forma de descubrir Las Palmas de Gran Canaria
El Turismo Horológico puede definirse como aquella modalidad de Turismo Cultural dedicada a descubrir, interpretar y poner en valor el patrimonio relacionado con la medición del tiempo, desde antiguos relojes públicos y mecanismos de torre hasta relojes solares, relojes monumentales, talleres de relojería, colecciones históricas, documentos, campanas y personajes vinculados a este oficio secular. Las Palmas de Gran Canaria dispone de argumentos suficientes para desarrollar esta singular propuesta turística. Y su principal referencia podría encontrarse precisamente en el corazón de Vegueta: el reloj de la torre de la Catedral de Santa Ana. Este reloj permite acercarnos no solamente a la historia de la relojería, sino también a la propia evolución de la ciudad y a aquella época en la que escuchar las campanadas de un reloj público constituía una referencia fundamental para organizar la vida cotidiana. El Día Mundial del Reloj que se celebra cada 10 de octubre (10/10), podría convertirse así en una magnífica oportunidad para divulgar este patrimonio y situar a Las Palmas de Gran Canaria dentro de una propuesta novedosa de turismo cultural. La celebración permitiría desarrollar un pequeño programa anual alrededor del reloj de la Catedral: Paneles informativos sobre su historia y mecanismo, que podrían exponerse en el Museo Diocesano de Arte Sacro, visitas culturales dedicadas específicamente al reloj, la torre y su relación con Vegueta, publicaciones divulgativas, conferencias sobre la historia de la medición del tiempo y de los relojes públicos, exposiciones fotográficas y documentales e incluso recorridos urbanos que incorporasen otros elementos relacionados con la relojería y la historia del tiempo en la ciudad. Finalmente agradecer a la escritora canaria Albertine de Orleans -Presidenta de ADOC y colaboradora de la Asociación Melilla para la UNESCO en la difusión de esta celebración en la ciudad de Las Palmas: “Porque conservar el tiempo también significa compartir sus historias”. #WorldWatchDay






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