
Alzhéimer: lo que podemos hacer para cuidar nuestra salud cerebral
Redacción


Con motivo del Día Mundial del Alzhéimer, que se celebra el 21 de septiembre, especialistas recuerdan que no existen hábitos capaces de garantizar la prevención de la enfermedad, aunque determinados factores modificables pueden contribuir a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
La edad, la genética y los antecedentes familiares influyen en la probabilidad de desarrollar alzhéimer, pero la predisposición genética no determina necesariamente que la enfermedad vaya a aparecer. Entre los factores sobre los que sí es posible actuar se encuentran la actividad física, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, el aislamiento social y la pérdida auditiva o visual no tratada.
Tres hábitos para cuidar el cerebro
Los especialistas recomiendan mantener una actividad física regular, combinando ejercicio aeróbico y de fuerza y reduciendo el sedentarismo. También aconsejan mantener una estimulación cognitiva frecuente mediante actividades como leer, aprender cosas nuevas, estudiar idiomas, resolver problemas o tocar un instrumento.


El tercer aspecto es mantener una vida social activa, mediante conversaciones, actividades compartidas y vínculos personales que ayuden a evitar el aislamiento.
Estos hábitos no garantizan que una persona no vaya a desarrollar alzhéimer, pero forman parte de un estilo de vida relacionado con una mejor salud cerebral.
El alzhéimer y los recuerdos
La enfermedad no afecta por igual a todos los tipos de memoria. La memoria episódica, relacionada con los acontecimientos personales y las experiencias recientes, suele ser una de las primeras en presentar dificultades.
Por ello, una persona puede recordar con detalle acontecimientos ocurridos décadas atrás y, al mismo tiempo, olvidar qué ha hecho esa misma mañana o repetir una pregunta pocos minutos después. Los recuerdos recientes son especialmente vulnerables porque la información todavía necesita ser procesada y consolidada para quedar almacenada de forma estable.
La estimulación cognitiva
La estimulación cognitiva puede ayudar a mantener determinadas capacidades, favorecer la autonomía y facilitar que la persona continúe participando en actividades significativas. Sin embargo, no detiene la neurodegeneración ni recupera las funciones cognitivas que ya se han perdido.
Además de los ejercicios específicos, actividades cotidianas como cocinar, conversar, escuchar música, ordenar fotografías, cantar, cuidar plantas o realizar tareas habituales pueden estimular simultáneamente diferentes capacidades cognitivas y emocionales.
El objetivo es que la persona conserve, dentro de sus posibilidades, su autonomía y la mejor calidad de vida posible.






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