
El Teléfono de la Esperanza refuerza en Málaga la prevención del suicidio
Victoria Barceló


MÁLAGA, 10 de septiembre de 2026. – Hay personas que llaman cuando sienten que ya no pueden más. Otras prefieren escribir. Algunas buscan simplemente que alguien las escuche. Detrás de cada contacto hay una situación diferente, pero todas tienen algo en común: la necesidad de encontrar un espacio de apoyo en un momento de sufrimiento.
En Málaga, el Teléfono de la Esperanza lleva 50 años ofreciendo esa escucha y desarrollando una labor de atención emocional y prevención del suicidio. Solo durante los seis primeros meses de 2026, la entidad ha atendido a casi 8.000 personas en la provincia.
La dimensión de esta demanda se refleja también en el perfil de las consultas. 941 llamadas estuvieron relacionadas con trastornos del estado de ánimo, mientras que el Chat de la Esperanza registró 1.135 atenciones. Entre estas últimas, el 26,16% correspondió a menores de 18 años, un dato que pone de manifiesto la necesidad de acercar los recursos de prevención y ayuda a adolescentes y jóvenes.


Escuchar cuando pedir ayuda resulta difícil
La labor del Teléfono de la Esperanza va más allá de atender llamadas. La organización ofrece un espacio de escucha a personas que pueden encontrarse atravesando una crisis personal, situaciones de soledad, problemas emocionales o momentos en los que sienten que no encuentran una salida.
Su servicio telefónico funciona las 24 horas del día, mientras que la atención a través del chat permite que los jóvenes puedan recurrir a un canal de comunicación más próximo a sus hábitos cotidianos.
La entidad complementa esta atención con intervención personal, acompañamiento profesional, programas de prevención y actividades de formación y sensibilización.
El objetivo es intervenir antes de que una situación de sufrimiento se convierta en una emergencia, pero también acompañar a quienes ya se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad.
La prevención del suicidio también empieza por escuchar
El Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este 10 de septiembre, pone de nuevo el foco en la importancia de hablar abiertamente sobre el suicidio y acabar con el silencio que todavía rodea a estas situaciones.
El Teléfono de la Esperanza participa en esta jornada con la campaña «Cuando solo ves... NADA», que pretende llamar la atención sobre una realidad que puede pasar inadvertida: el sufrimiento emocional no siempre es visible.
Una persona puede continuar trabajando, estudiando, relacionándose con los demás o manteniendo aparentemente una vida normal mientras atraviesa una profunda crisis. Por eso, la organización reivindica la importancia de mirar, preguntar, escuchar y acompañar.
En Málaga, la entidad desarrolla hoy actividades de sensibilización para trasladar a la ciudadanía la importancia de la prevención y de la detección temprana de las situaciones de riesgo.
Medio siglo atendiendo el sufrimiento emocional: 1976 - 2026
El Teléfono de la Esperanza se fundó el 1 de octubre de 1971 en Sevilla por Serafín Madrid, con el objetivo de ofrecer atención integral a personas con dificultades físicas, psíquicas y sensoriales. Surgió en Alcalá de Guadaira, enfocándose en la intervención en crisis en una sociedad en continuo cambio.
La asociación creció rápidamente, extendiéndose a otras provincias. En 1976 se inauguró la sede de Málaga, con Ángel Medina, Carlos Linares, Salud García Arévalo y Salvador Rodríguez de Tembleque como fundadores, y Sergio Ferrero como primer director.
Sus cinco décadas de trayectoria coinciden ahora con una realidad en la que las necesidades de atención emocional se manifiestan también a través de nuevos canales y afectan a personas de todas las edades.
Los datos de los primeros seis meses de 2026, y especialmente la utilización del chat por parte de menores, muestran que la necesidad de ser escuchado sigue existiendo, aunque cambien las formas de pedir ayuda.
En este 10 de septiembre, el Teléfono de la Esperanza vuelve a poner en valor una herramienta tan sencilla como esencial: escuchar a quien está sufriendo y ayudarle a no afrontar ese sufrimiento en soledad.
Porque la prevención también comienza cuando alguien encuentra al otro lado una persona dispuesta a escuchar.






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