
Opinión, espectáculo y responsabilidad
Hugo Rodríguez


Las tertulias televisivas se han convertido en uno de los grandes escenarios donde cada día se “debate” la actualidad. Existen porque millones de personas las consumen, porque generan audiencia y porque, en definitiva, son un producto rentable para cadenas privadas con intereses muy definidos. Lo que vemos no es un foro ciudadano ni un espacio de reflexión colectiva: es un formato de entretenimiento construido por profesionales pagados para actuar, opinar y generar impacto.



Una tabla aproximada según información recogida en los buscadores
- Y ahora Sonsoles (Antena 3): 880.000 espectadores
- TardeAR (Telecinco): 800.000 espectadores
- Vamos a ver (Telecinco): 450.000 espectadores
- Al Rojo Vivo (laSexta): 450.000 espectadores
- laSexta Xplica (laSexta): 450.000 espectadores
- Todo es Mentira (Cuatro): 500.000 espectadores
- Espejo Público (Antena 3): 350.000 espectadores
- La Mirada Crítica (Telecinco): 250.000 espectadores
- El Chiringuito de Jugones (Mega): 200.000 espectadores
- Mañaneros (La 1): 200.000 espectadores
La mayoría de estos tertulianos no representan la diversidad social ni la complejidad de los temas que abordan. Representan, más bien, un personaje mediático que se mueve entre la fama, la polémica y la capacidad de atraer espectadores. La puesta en escena recuerda a la barra de un bar, donde cualquiera opina de todo, pero con una diferencia esencial: aquí la conversación está guionizada, editada y orientada hacia un desenlace programado que moldea la visión de miles de televidentes.

Podemos coincidir con muchos análisis y puntos de vista, pero conviene entender que estos programas no buscan profundizar, sino dirigir. Y en ese proceso, se mezclan datos falsos, bulos, exageraciones y discursos que, aunque no siempre deriven en violencia física, sí alimentan formas de violencia económica, social, racial o simbólica. La confusión avanza, la desconfianza crece y la ciudadanía queda atrapada entre referentes que actúan muy bien en pantalla, pero viven muy lejos de los valores que dicen defender.
¿Significa esto que debamos dejar de ver tertulias? En absoluto. Son un espejo del mundo que queremos cambiar. Verlas puede ser útil si lo hacemos desde la conciencia crítica, entendiendo su lógica y reconociendo la responsabilidad que tenemos como espectadores. No se trata de rechazar la opinión ajena, sino de evitar que se convierta en sustituto de nuestra propia reflexión.
Las personas necesitamos referentes para construir nuestra visión del mundo, para decidir, para votar, para reclamar. Pero quizá los más valiosos no estén en el espectáculo mediático, sino en nuestra propia interioridad. Necesitamos profundizar en ellos, dotarlos de sentido y alinearlos con el mundo que aspiramos a construir. Solo así podremos distinguir entre el ruido y la reflexión, entre la hipocresía y la coherencia, entre el entretenimiento y la responsabilidad democrática.










Luchar contra la venganza es luchar contra el sistema y su estructura en su totalidad






Triunfo sindical: Plaza Mayor da marcha atrás y cancela las aperturas comerciales hasta la medianoche en Málaga

Málaga vive un brusco descenso de temperatura del mar: casi 13 grados menos en una semana



Humanismo Universalista: tres días para imaginar una revolución noviolenta







