

La Casa Museo Suso de Marcos acogió la presentación de La gran jaula, de Carmen de Auriago, y el nacimiento público del Manifiesto KOI en una velada en la que poesía, música, ópera y escultura desdibujaron sus fronteras
MÁLAGA, 26 de julio de 2026. Hubo un momento en que la presentación de un libro dejó de ser exactamente la presentación de un libro. La palabra comenzó a mezclarse con el piano; los versos adquirieron voz, música y cuerpo; la ópera irrumpió en un espacio habitualmente consagrado a la escultura y el público dejó de ocupar únicamente el lugar de quien observa para entrar emocionalmente en aquello que estaba sucediendo. La Casa Museo Suso de Marcos, en Málaga, acogió en la noche del sábado 25 de julio la presentación de La gran jaula, de la poeta y antropóloga Carmen de Auriago, y el nacimiento público del Manifiesto KOI, en un encuentro concebido como una experiencia artística multidisciplinar. Jesús Baena presentó un acto donde la literatura, música, escultura y ópera confluyeron en una puesta en escena que buscaba algo más difícil que presentar una obra: hacer sentir las preguntas que la atraviesan. Y La gran jaula está construida precisamente a partir de preguntas incómodas.



Primera entrega de la serie KOI, la obra se sitúa entre la poesía social contemporánea y el ensayo poético para indagar en las múltiples jaulas —visibles e invisibles— que condicionan al ser humano contemporáneo. La violencia, el miedo, los prejuicios, la desinformación, la pérdida de pensamiento crítico o nuestra relación con los demás y con el planeta aparecen como distintas formas de encierro. Frente a ellas, el libro plantea la posibilidad de reconocer los barrotes como primer gesto para atravesarlos. Esa idea de ruptura encontró durante la presentación una traducción escénica especialmente intensa. Carmen de Auriago y Ruth García Delgado asumieron un recitado alejado de la lectura poética convencional. Sus voces se alternaron, dialogaron y dotaron a los poemas de diferentes registros y tensiones, convirtiendo la palabra escrita en una materia viva. El dinamismo de ambas intérpretes permitió que los textos transitaran desde la intimidad hasta la denuncia y que buena parte de la carga emocional de La gran jaula llegara directamente a los asistentes.
Uno de los momentos más singulares de la noche estuvo protagonizado por el compositor Martín-Jaime, Premio Internacional de Composición Reina Sofía. Mientras avanzaba el recital, el músico afrontó el riesgo de componer en directo. Palabra y música compartían por unos instantes la incertidumbre de la creación. El público asistía al proceso: a ese territorio excepcional en el que una pieza todavía no existe y, segundos después, comienza a existir. La relación entre poesía y composición se completó con la interpretación de tres canciones de KOI Op. 105, escritas por Martín-Jaime a partir de poemas de La gran jaula. El universo literario del libro encontraba así una segunda existencia a través de la música, que contó con la interpretación vocal de la soprano malagueña Klaudya, reciente ganadora de ARIA: Locos por la Ópera, de RTVE. Su presencia añadió una nueva dimensión emocional a una velada construida precisamente sobre la capacidad de las artes para comunicarse entre sí.
El artista Suso de Marcos, anfitrión de la velada, cedió para la ocasión el espacio de su Casa Museo y dos obras originales que presidieron el escenario. La elección del lugar no funcionó únicamente como marco. Las esculturas incorporaron la materia y el volumen a una propuesta en la que cada disciplina parecía prolongar a la anterior: el poema podía convertirse en música; la música, en emoción; la emoción, casi en materia.

El acto reservaba todavía otra presentación fundamental. Porque la noche suponía también el nacimiento público del Manifiesto KOI, la vertiente colectiva de un proyecto que pretende trascender las páginas del libro. El Manifiesto KOI parte de una idea sencilla y ambiciosa: la cultura no tiene por qué limitarse a interpretar el mundo; puede generar espacios desde los que dialogar sobre él y contribuir a transformarlo. Pensamiento crítico, no violencia, dignidad humana, educación, conciencia ecológica, respeto a todas las criaturas y defensa del diálogo forman parte de los principios alrededor de los cuales se articula una plataforma cultural concebida como abierta y participativa. De este modo, La gran jaula funciona como punto de partida literario de un proyecto de mayor recorrido. El libro habla de las jaulas que construimos y de aquellas que otros construyen a nuestro alrededor; KOI propone preguntarse colectivamente cómo reconocerlas y qué hacer frente a ellas.
Como curiosidad, los asistentes acogieron la propuesta con entusiasmo y participaron en una experiencia que trasladaba al terreno físico una de las ideas esenciales de la obra: hay corazas que es necesario romper. Apariencias, miedos, prejuicios y pesos acumulados pueden convertirse en una superficie endurecida bajo la cual permanece aquello que merece ser rescatado. La autora repartió piedras decoradas concebidas para romperse. Para llegar al verso que la autora había escondido dentro de cada una había que quebrar primero la piedra. Y durante unos instantes la literatura dejó de ser únicamente algo que se escucha o se lee. Hubo que romper para descubrir.





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