Serbia convierte la protesta estudiantil en una victoria electoral

La candidatura nacida de las movilizaciones contra la corrupción logra la mayoría absoluta tras casi dos años de protestas, mientras Aleksandar Vučić reconoce su derrota después de más de una década dominando la política serbia.
Internacional26/10/2026RedacciónRedacción
Elecciones_Serbia_25 10 2026

Dieciséis personas murieron bajo la marquesina de una estación ferroviaria en Novi Sad. La tragedia ocurrió el 1 de noviembre de 2024 y desencadenó una ola de indignación que se extendió por Serbia. Los estudiantes exigieron responsabilidades, investigaciones transparentes y medidas contra la corrupción. Frente a quienes podían confiar en que el cansancio acabaría apagando las protestas, el movimiento estudiantil encontró una forma de prolongar la movilización hasta convertirla en una alternativa electoral.

El domingo 25 de octubre de 2026, esa apuesta obtuvo una victoria decisiva. La Lista Estudiantil derrotó al bloque político encabezado por Aleksandar Vučić, quien reconoció la derrota electoral. Los primeros resultados oficiales publicados este lunes le atribuyen el 52,65 % de los votos, frente al 39,22 % de la candidatura del dirigente serbio. La participación alcanzó el 68,78 %, según los datos de la Comisión Electoral de la República. 

El resultado supone un vuelco para un país cuya política ha estado dominada durante más de doce años por Vučić, primero como primer ministro y después como presidente. También representa la llegada a las instituciones de un movimiento surgido de la indignación ciudadana y que ha conseguido ampliar sus apoyos más allá de los campus universitarios.

De la tragedia a la organización colectiva

La caída de la marquesina de Novi Sad se convirtió en el punto de partida de unas protestas que cuestionaron la gestión pública, la transparencia institucional y las responsabilidades políticas relacionadas con la tragedia. Las movilizaciones estudiantiles fueron creciendo y sumaron a distintos sectores de la sociedad.

Durante meses, los universitarios mantuvieron sus reivindicaciones, organizaron acciones y buscaron respaldo en ciudades y localidades de todo el país. La protesta dejó de ser únicamente una reacción ante una tragedia para convertirse en un desafío político al sistema gobernante.

La convocatoria de elecciones anticipadas abrió una nueva etapa. Los estudiantes trasladaron su fuerza social a una candidatura electoral capaz de disputar el poder a la coalición oficialista. La victoria no se explica por un único acontecimiento ni por una reacción espontánea: detrás hay meses de movilización, coordinación y construcción de apoyos.

Los resultados provisionales difundidos tras el cierre de las urnas situaron a la candidatura estudiantil en condiciones de obtener entre 135 y 140 escaños en un Parlamento de 250 diputados, por encima de los 126 necesarios para la mayoría absoluta. La cifra definitiva de escaños deberá quedar confirmada por el escrutinio oficial. 

Una victoria que no resuelve todos los desafíos

Las celebraciones en Belgrado y otras ciudades serbias reflejaron la dimensión del resultado. Sin embargo, derrotar electoralmente a una estructura de poder no significa transformarla de manera automática.

La candidatura estudiantil tendrá que demostrar ahora su capacidad para gobernar, combatir la corrupción y fortalecer unas instituciones cuya independencia ha sido objeto de críticas. También deberá afrontar las diferencias internas y definir cómo convertir las reivindicaciones del movimiento en decisiones políticas concretas.

La victoria abre una oportunidad, pero el alcance de sus consecuencias dependerá de lo que ocurra a partir de ahora.

Las posibilidades de una sociedad que se organiza

Hay periodos en los que los acontecimientos parecen confirmar que nada puede cambiar. Las estructuras de poder se muestran sólidas y las protestas parecen condenadas a desaparecer bajo el peso del tiempo. Pero la experiencia serbia invita a revisar esa percepción.

La historia continúa desarrollándose mediante millones de decisiones humanas, muchas de ellas protagonizadas por personas que nunca ocuparán un lugar destacado en los libros. Cuando esas decisiones encuentran formas de organización, pueden modificar escenarios que parecían inamovibles.

Serbia no demuestra que toda protesta termine en una victoria ni que cada cambio político conduzca necesariamente a una sociedad más justa. Demuestra algo más concreto: que la movilización sostenida puede abrir caminos electorales y que el poder no tiene garantizada su continuidad.

Todavía queda mucho por comprender, mucho por disputar y mucho por construir. Pero los estudiantes serbios han conseguido transformar una exigencia de responsabilidades en una victoria en las urnas.

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