
La energía la acabamos pagando nosotros
Redacción


Por Joan Pau Rica Lopez
Hoy hemos de hablar de la energía, cuando se aborda este tema unos hablan de renovables como la solución definitiva y otros defienden las fuentes convencionales, pero entre tanto, la factura sigue llegando impiadosamente a las familias y a las empresas.


España necesita energía suficiente, estable y a un precio que permita vivir y producir. Y para eso precisamos reducir la dependencia del exterior y todo ello sin destruir lo que necesitamos: territorio, actividad económica y empleo.
Tenemos sol. Tenemos viento. Tenemos agua. Tenemos capacidad tecnológica. Pero contamos con una red industrial que necesita electricidad las veinticuatro horas del día,
Las renovables son una parte fundamental de la transición energética, pero tienen una característica que no podemos ignorar: producen cuando existen las condiciones meteorológicas adecuadas. La electricidad, en cambio, se necesita también de noche, cuando no hay viento o cuando una ola de frío dispara el consumo.
Y en ese momento aparece el problema: el almacenamiento, las redes, las fuentes de generación y la ubicación de las mismas , porque ¿dónde colocamos todas esas instalaciones? ¿cuánto suelo agrícola estamos dispuestos a ocupar? ¿qué ocurre con el paisaje? ¿a quién benefician esas inversiones? ¿Y cuánto reciben a cambio los municipios que soportan esas instalaciones?
La energía nuclear, el gas, la hidráulica, las renovables y las nuevas tecnologías cumplen funciones diferentes. Algunas tendrán que reducir progresivamente su peso; otras deberán crecer. Pero cerrar una fuente de generación antes de disponer de una alternativa capaz de sustituirla de forma segura tiene contundentes consecuencias. ( el precio)
Porque la energía no es solamente una cuestión medioambiental. Es también una cuestión social. Una electricidad cara encarece la vivienda, los alimentos, el transporte y prácticamente todo lo que producimos. Para una familia con ingresos ajustados puede significar tener que elegir. Para una pequeña empresa puede significar dejar de contratar. Para una industria puede significar trasladar una inversión a otro país.
Por eso hemos de determinar ¿Cuánto cuesta producir cada tipo de energía? ¿Cuánto cuesta transportarla? ¿Cuánto cuesta almacenarla? ¿Cuánto necesitamos importar? ¿Qué superficie ocupa? ¿Qué emisiones genera durante todo su ciclo de vida? ¿Y cuánto termina pagando el ciudadano?
España necesita una política energética que tenga todas las circunstancias y todos los actores intervinientes.
Porque una transición energética que empobrezca a las familias o expulse industria no será socialmente sostenible. Pero una economía que ignore el cambio climático y la dependencia energética tampoco tendrá un futuro seguro.
Ya que cuando falta el suministro eléctrico, falta para todos. Y cuando resulta demasiado caro, también la pagamos todos.
Asi que llegamos a la conclusión ”de nota “o dicho de otro modo hemos de plantear a quien gobierna, lo más importante :
¿Qué combinación de energías necesita España para que podamos vivir y producir con seguridad, independencia y un coste razonable? Que actitud hemos de priorizar entre el paisajismo y el suministro eléctrico y cual es el motivo por el que en la subasta energética se aplica el importe mas elevado de coste de producción
Ese es el verdadero debate al que no se quiere entrar , porque en los consejos de administración eléctricos están sentadas personas que han accedido por las puertas giratorias de la política y ellos son los que atan las manos a los gobernantes para resolver este contencioso.

















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