
Bioparc viaja al mundo desconocido de Elcano y sus expediciones
Redacción


El parque recrea los descubrimientos naturales que sorprendieron a los primeros navegantes a través de la Sala del Descubrimiento y la Cámara de las Maravillas
¿Qué debieron sentir los primeros navegantes europeos al encontrarse con animales, plantas y productos que jamás habían visto? ¿Cómo explicaban aquello que no podían comprender? Cinco siglos después, Bioparc Fuengirola recupera parte de ese espíritu de asombro con un recorrido por las maravillas naturales que acompañaron a las grandes expediciones de los siglos XV y XVI.
La propuesta coincide con el 500 aniversario de la muerte de Juan Sebastián Elcano y con la conmemoración, el próximo 6 de septiembre, de la llegada a Sanlúcar de Barrameda de la nao Victoria, que culminó en 1522 la primera vuelta al mundo.


Un viaje a un planeta todavía desconocido
La expedición había partido de Sevilla en 1519 con cinco barcos y más de 200 hombres. Tras la muerte de Fernando de Magallanes en Filipinas, Elcano asumió el mando y consiguió completar el viaje junto a otros 17 supervivientes.
Aquella travesía cambió para siempre la imagen que los europeos tenían del planeta. Nuevos territorios, pueblos, plantas y animales entraron en los relatos de los viajeros y alimentaron la curiosidad por un mundo que todavía tenía grandes zonas por explorar.
Bioparc recupera ese contexto en su Sala del Descubrimiento, donde dos grandes esferas terrestres, una inspirada en una recreación de Leonardo da Vinci, murales y referencias a las rutas de navegación permiten acercarse a la visión del mundo que tenían aquellos primeros exploradores.
Cuando el narval se convirtió en un unicornio
Pero el viaje no solo permitió descubrir nuevos territorios. También puso a los europeos frente a fenómenos naturales que resultaban difíciles de explicar.
La Cámara de las Maravillas reproduce los antiguos gabinetes de curiosidades, lugares donde se reunían objetos procedentes de tierras lejanas junto a fósiles, huesos, plantas, libros y elementos relacionados con la medicina y la fauna.
Entre las piezas más llamativas se encuentra el denominado «cuerno de unicornio», que en realidad corresponde al colmillo de un narval. Durante siglos, este animal marino fue conocido como el «unicornio de mar» y su colmillo llegó a considerarse una prueba de la existencia de criaturas legendarias.
El objeto sirve como ejemplo de una época en la que la frontera entre ciencia, desconocimiento y leyenda era mucho más difusa que en la actualidad.
El oro de las especias
Las especias fueron otra de las grandes obsesiones de los exploradores. Clavo, canela, pimienta, nuez moscada o jengibre eran productos muy cotizados en Europa y su comercio generaba enormes beneficios.
Encontrar nuevas rutas para acceder a ellas fue uno de los grandes incentivos de las expediciones marítimas. Algunas especias podían alcanzar precios extraordinarios y su procedencia se mantenía en secreto para proteger las rutas comerciales.
En Bioparc, los visitantes pueden acercarse a algunas de ellas también mediante el olfato, recuperando una experiencia sensorial que permite imaginar el impacto que aquellos aromas desconocidos pudieron causar en los primeros viajeros.
Animales que parecían salidos de una leyenda
La fauna encontrada durante las expediciones también alimentó numerosas historias. Las crónicas de Antonio Pigafetta describieron animales que resultaban sorprendentes para los europeos, como grandes murciélagos, loros de colores vivos, peces voladores, guanacos o las extraordinarias aves del paraíso.
Algunas de las especies procedentes de las regiones recorridas por aquellas expediciones pueden contemplarse hoy en Bioparc Fuengirola.
Entre ellas se encuentran orangutanes de Borneo, tapires malayos, faisanes de Edwards y tigres de Sumatra, además de especies sudamericanas como la nutria gigante o el arapaima.
Cinco siglos después, la prioridad es conservar
La mirada sobre la naturaleza ha cambiado radicalmente desde aquellos primeros viajes. Lo que entonces era desconocido hoy puede estudiarse y comprenderse gracias a la ciencia. Y ese conocimiento también ha permitido descubrir que muchas de aquellas especies y ecosistemas se encuentran amenazados.
Por eso, el recorrido de Bioparc plantea un vínculo entre exploración, conocimiento y conservación. La curiosidad que llevó a aquellos navegantes a cruzar los océanos sirve ahora como punto de partida para conocer una biodiversidad que, cinco siglos después, no solo queremos descubrir, sino también proteger.
La propuesta convierte así la conmemoración de Elcano y de la primera vuelta al mundo en una oportunidad para recordar una de las grandes aventuras de la historia y, al mismo tiempo, mirar hacia uno de los grandes retos del presente: conservar las maravillas naturales que todavía nos quedan por descubrir.






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