
El fuego que nace del abandono rural
Redacción
Incendios y despoblación: cuando el campo que se apaga alimenta las llamas
El verano de 2026 está dejando imágenes devastadoras en España. El incendio de La Mierla (Guadalajara), con más de 32.000 hectáreas afectadas, ya es el mayor registrado en la historia de Castilla-La Mancha. Y el fuego que arrasa Madrid, Ávila y Toledo, con 77.000 hectáreas quemadas, se ha convertido en el más extenso jamás documentado en el país. La magnitud de las llamas ha vuelto a centrar la atención en los medios de extinción, la coordinación institucional y los planes de emergencia. Pero tras cada verano de fuego hay una pregunta que sigue sin resolverse: ¿por qué el territorio forestal español es cada vez más vulnerable?
El monte sin manos que lo cuiden
La ciencia forestal lleva años advirtiendo que la raíz del problema no está solo en las olas de calor o en la sequía, sino en el abandono del medio rural. Donde desaparece la actividad económica, el monte se llena de matorral seco; donde se vacían los pueblos, se pierden los ojos que detectan el fuego a tiempo. Organizaciones como WWF señalan que el éxodo rural ha debilitado la economía capaz de mantener vivo el monte, dejando regiones como Castilla y León, Extremadura o Aragón especialmente expuestas.


La prevención que nace del desarrollo rural
Desde la Fundación COPADE, este diagnóstico se aborda desde la cooperación y el desarrollo local. En la zona de Guadalajara afectada por los incendios, su proyecto BosquEmprende+, apoyado por la Fundación Biodiversidad y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), impulsa microempresas forestales dedicadas a la prevención y restauración del territorio, en alianza con Rewilding Spain. El objetivo es claro: reactivar la economía rural para que el monte vuelva a tener guardianes y actividad durante todo el año.
Pero COPADE también advierte que esta mirada, aunque esencial, no basta por sí sola. La lucha contra los incendios requiere brigadas permanentes, trabajos de prevención bien dotados y una gestión forestal activa que combine herramientas humanas y naturales. Pensar que el hombre puede abarcar todo el territorio como hace medio siglo es poco realista. Por eso cobran fuerza los modelos que devuelven a la naturaleza parte de su papel: pastoreo extensivo, mosaicos de vegetación y ecosistemas maduros menos inflamables.
Cortafuegos vivos y economía social
La ganadería extensiva y el silvopastoreo son aliados naturales de la prevención. Según Greenpeace, su impulso podría generar empleo rural y crear cortafuegos vivos en parcelas hoy abandonadas. Proyectos como Bosques Sinérgicos, también de la Fundación Biodiversidad, exploran modelos de bioeconomía forestal que combinan la lucha contra la despoblación con la prevención de incendios.
El cooperativismo y la economía social tienen aquí un papel clave: cooperativas que gestionan pastoreo dirigido o mantienen vivas las fajas cortafuegos de olivares y almendrales, devolviendo actividad a comarcas que solo aparecen en las noticias cuando arden.
Del verano al invierno: una estrategia integral
Reforzar los medios de extinción sigue siendo imprescindible, pero prevenir durante todo el año es igual de urgente. Invertir en el tejido rural, en la gestión forestal activa y en dejar que la naturaleza recupere parte de su equilibrio son tres formas complementarias de abordar un mismo problema. La prevención no empieza con el fuego: empieza con la vida que se mantiene en el territorio cuando el verano termina.
Sobre Fundación COPADE La Fundación COPADE - Comercio para el Desarrollo es una entidad privada, apolítica y no lucrativa fundada en 1998 por Javier Fernández y la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Claret de Madrid y que tiene por objetivo impulsar y desarrollar el Comercio Justo, el Consumo Responsable y la preservación del Medioambiente a través de Alianzas Público-Privadas. COPADE trabaja con grupos productores de países europeos y latinoamericanos para promover estructuras socioeconómicas sostenibles y respetuosas con el medioambiente, que hagan a estos grupos agentes de su propio desarrollo. También trabaja en comunidades vulnerables de nuestro país, con problemas de despoblamiento, pero fuertemente vinculadas a sus bosques y cuyo papel custodio, es esencial para su preservación. Crea redes participativas entre productores/as y Administraciones Públicas, empresas, instituciones y otros agentes sociales, tanto a nivel local como mundial, para que impulsen nuevas formas de cooperación económicamente rentables, sostenibles y socialmente responsables.




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