
Alejandro Sanz cierra su gira “¿Y ahora qué?” con más de 19000 personas en Marenostrum Fuengirola
Verónica Janowicz
Alejandro Sanz bajó el telón de su exitosa gira "¿Y ahora qué?" con un espectáculo único en Marenostrum Fuengirola, escenario elegido para despedir un tour que durante meses ha recorrido importantes ciudades y que volvió a demostrar la vigencia de uno de los artistas más influyentes de la música latina. Con más de tres décadas de trayectoria, múltiples premios Grammy y Latin Grammy, millones de discos vendidos y un repertorio que ha marcado a varias generaciones, el cantante madrileño ofreció una noche cargada de emoción, complicidad y recuerdos.
El recinto presentó un lleno absoluto, con más de 19 mil personas que acompañaron siempre al artista durante un recorrido por sus canciones más emblemáticas, y disfrutando de clásicos como "Corazón partío", "Y si fuera ella", "No es lo mismo", "Bésame" o "Amiga mía" entre otros temas que hicieron cantar de principio a fin a un público completamente entregado.
El repertorio también dejó espacio para su trabajo más reciente. Su último disco estuvo representado con cuatro de sus 22 canciones, exactamente la misma cantidad de temas que interpretó de "Más", el álbum de 1997 más exitoso de su carrera. Era el concierto que todos esperaban y Alejandro Sanz volvió a cumplir con creces, manteniendo intacta esa conexión que lo caracteriza con su público. Sus gestos, sonrisas y su manera espontánea de comunicarse sobre el escenario, parecían desafiar el paso del tiempo, transmitiendo una cercanía que hizo sentir especial a cada asistente.



La primera parte del espectáculo que comenzó 20 minutos después de la hora prevista, lo inició con la clásica "Desde cuando", que se disfrutó con la misma calma y belleza que ofrecía el mar de esa noche, que hace de telón del espectácular recinto. Cada palabra y cada melodía se sintió y se saboreó despacio y atentamente.
"Los quiero de aquí a la luna y volviendo" expresó el artista con toda su fuerza en un momento, y su público estalló y se entregó por completo con una gran explosión emocional.
Pero el concierto parecía reservar mucho más y así fue cuando Alejandro apareció con una bandera de su tierra, cantando "Por bandera", mientras brillaban fuegos artificiales sobre el escenario.
Uno de los momentos cúlmines llegó con "Mi soledad y yo", una de las interpretaciones más coreadas de la noche. Fueron especialmente las seguidoras, mayoría entre los asistentes, quienes convirtieron la canción en una experiencia colectiva, cantándola como si relatara una historia propia mientras saltaban y emocionaban desde las gradas.

Esa energía continuó cuando el artista quedó completamente solo sobre el escenario, armado únicamente con su guitarra clásica. Sin artificios interpretó "El vino de tu boca", una de las canciones más destacadas de su repertorio reciente, logrando sostener el silencio, la emoción y una ovación cerrada que confirmó la fuerza de su interpretación más íntima.
El ritmo cambió por completo cuando llegaron los sonidos más potentes de "Try to save your song", acompañada por guitarras de marcado carácter rockero, y un vibrante "Quisiera ser", enriquecido por una trompeta con matices de latin jazz. Fue entonces cuando el concierto pareció despegar definitivamente. Además Alejandro, volvió a apostar por una banda donde las mujeres ocuparon un papel protagonista, confiando la batería, el bajo y la percusión a tres instrumentistas que sostuvieron con enorme solvencia el corazón rítmico del espectáculo.
La intensidad siguió creciendo con los aires flamencos y los acentos tumbados de "Hoy no me siento bien", antes de dar paso a una emocionante interpretación de "Amiga mía", uno de los momentos más emotivos de toda la noche. Poco después, las sillas dejaron de ser protagonistas para convertirse en simple escenografía cuando comenzó "Deja que te bese", mientras el estadio entero se transformaba en un gigantesco coro femenino para dar comienzo a "Cuando nadie me ve" y explotar por completo con "No es lo mismo".

Más allá del impecable repertorio y muchas mejoras en su música, el gran protagonista siempre fue el propio Alejandro Sanz. Su mirada cómplice, su humor espontáneo y su facilidad para conversar con el público marcaron gran parte del concierto. "Cuando era chico soñaba con cantar y componer y nunca pensé que hoy estaría aquí. Hoy mi alma está de cumpleaños", dijo en un instante del concierto a sus seguidores y les agradeció que lo acompañaran.
Durante el espectáculo también hubo espacio para la reflexión. Alejandro Sanz defendió la música como un lugar de encuentro y de esperanza, recordando una célebre reflexión de su amigo Jesús Quintero: "Una canción no puede detener un tanque, pero sí puede detener el corazón de quien lo conduce". También quiso rendir homenaje a quiene sufren en el mundo: "Desde aquí, todo nuestro amor a las personas que están sufriendo por los incendios que están arrasando España y también a las víctimas del terremoto de Venezuela". expresó después de ver algunas banderas de ese país en el lugar.
Luego bajó la intensidad y se reservó un momento para los suspiros y los interrogantes del amor con "¿Y si fuera ella?" y ya sólo con su piano, dándolo todo con total emoción con "¿Lo ves?". Una demostración de que el romanticismo sigue plenamente vivo y que la sensibilidad continúa siendo una de las mayores virtudes del artista madrileño.

Desde ese instante y hasta el final, el público alternó el baile con el suave balanceo que provocan sus baladas, manteniendo la intensidad del recital hasta una apoteósica "Corazón partío", encargada de cerrar la actuación junto a una de lás más simbólicas canciones de sus inicios: "Pisando fuerte" ya con las luces encendidas y la despedida que no quería ser.
Alejandro Sanz se despidió de Fuengirola dejando la certeza de que su música continúa encontrando hogar en el corazón de varias generaciones y que, mientras exista una canción capaz de emocionar, siempre habrá un motivo para volver a encontrarse con él sobre un escenario.





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