
Sólo 1 de cada 3 capitales en España cuentan con refugios climáticos
Redacción
Greenpeace alerta de que únicamente 19 de las 52 capitales de provincia ofrecen actualmente una red de refugios climáticos. La escasa diferencia respecto a 2025, con 16 ciudades identificadas, refleja el estancamiento de esta medida básica de protección frente al calor
Horarios, espacios inadecuados y falta de escucha a la ciudadanía son las principales barreras que impiden la efectividad de muchos refugios actuales
El pasado junio fallecieron más de 1000 personas por causas atribuibles al calor, más de 200 de ellas durante la primera ola de calor
La organización insiste en la necesidad de acompañar estas medidas de adaptación con el fin de los combustibles fósiles, principales causantes del calentamiento global
Madrid, 2 de julio de 2026.- Tras un mes de junio con más de 1000 muertes atribuibles a las altas temperaturas, España suspende un año más con una red de refugios climáticos insuficiente: solo 1 de cada 3 las capitales de provincia cuentan con esta medida, situación casi idéntica a la detectada en 2025 por Greenpeace en su informe Ciudades al rojo vivo [1]. La organización no sólo alerta del estancamiento en cuanto al número de espacios públicos para protegernos de las altas temperaturas, sino de las graves carencias que impiden que muchos refugios actuales sean efectivos.


“El verano que conocíamos ya no existe. El calor es un problema de salud pública que cada año mata en España a miles de personas y no estamos respondiendo a la velocidad que el cambio climático nos impone, ni para frenarlo ni para adaptarnos a sus impactos. Los refugios climáticos son una medida efectiva a corto plazo para proteger a las personas del calor extremo y, sin embargo, el balance con respecto a 2025 es desolador: casi el 70% de las capitales de provincia volverán a dejar a las personas más vulnerables sin protección ante un verano al rojo vivo”, ha destacado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.
Aunque el calor llega cada vez antes y con más intensidad, las medidas de adaptación en las ciudades se retrasan o son inexistentes. Una de las soluciones más sencillas de implementar a corto plazo para asegurar la protección y alivio de la población más vulnerable son los refugios climáticos. Sin embargo, a las puertas de un nuevo episodio de calor extremo, el avance en cuanto a su implantación se encuentra casi congelado respecto a 2025: frente a las 16 capitales con refugios detectados el año pasado, actualmente son 19 las que cuentan con este servicio, lo que vuelve a dejar a una gran parte de la población sin acceso a estos espacios, a la vez que aumenta la vulnerabilidad de toda la población, sobre todo de la infancia, las personas mayores y quienes viven con enfermedades crónicas.

“El verano que conocíamos ya no existe. El calor es un problema de salud pública que cada año mata en España a miles de personas y no estamos respondiendo a la velocidad que el cambio climático nos impone, ni para frenarlo ni para adaptarnos a sus impactos. Los refugios climáticos son una medida efectiva a corto plazo para proteger a las personas del calor extremo y, sin embargo, el balance con respecto a 2025 es desolador: casi el 70% de las capitales de provincias volverán a dejar a las personas más vulnerables sin protección ante un verano al rojo vivo”, ha destacado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.
El norte ya no es un destino para escapar del calor. Durante los momentos de altas temperaturas de mayo y la ola de calor de junio, sus ciudades han destacado por las constantes alertas rojas sanitarias. Oviedo, Santander, Lugo y Santiago no cuentan con ningún refugio climático.
En el caso de Euskadi, aunque todas sus capitales ofrecen red de refugios, muestran limitaciones de horarios o espacios inadecuados: Bilbao incluye como refugios espacios bajo puentes o vestíbulos de pequeñas estaciones de transporte, mientras que Vitoria-Gasteiz reduce su red de 29 refugios a tan sólo 9 en agosto.
En La Rioja, los refugios de interior en Logroño abren sólo en su horario habitual e incluyen espacios de pago como cafeterías municipales, lo que incumple una característica básica de los refugios climáticos: su gratuidad. Respecto a Navarra, ha comenzado a impulsar una red foral de refugios climáticos en la que Pamplona por ahora sólo cuenta con espacios de exterior.
En el interior del país, Extremadura y Castilla-La Mancha destacan por la ausencia total de refugios en sus principales ciudades. En Castilla y León, únicamente Valladolid cuenta con refugios climáticos en una red sin cambios desde el año pasado. Todo ello a pesar de que León, Salamanca, Zamora y la propia capital vallisoletana se encuentran entre las ciudades españolas con mayor porcentaje de población mayor de 65 años - altamente vulnerable al calor- y han estado en alerta roja sanitaria por altas temperaturas durante la reciente ola de calor.
Madrid repite como caso de desinformación, ya que el Ayuntamiento ha anunciado varios refugios que no están identificados y no existe ningún listado o mapa sobre estos espacios en la web municipal, lo que incumple otro requisito básico: informar debidamente a la población. Además, este año promueve los mercados municipales como refugios, aunque la mayoría no cuentan con zonas de descanso gratuitas, por lo que es necesario consumir en algún establecimiento. En Aragón, donde sólo Zaragoza cuenta con refugios, destacan las limitaciones de horario y las movilizaciones ciudadanas por la pérdida de arbolado.
En el noreste del país, Cataluña cuenta con una red extensa de refugios en todas las capitales, especialmente en Barcelona, donde el Ayuntamiento asegura un refugio para todas las personas a menos de 10 minutos. Sin embargo, las restricciones de horario disminuyen la efectividad de estos recursos tanto en la Ciudad Condal como en Lleida, Girona y Tarragona.
En la Comunidad Valenciana, Valencia es la única capital con refugios climáticos, todos de interior y abiertos únicamente en sus horarios habituales. La Generalitat Valenciana ha querido impulsar una red de refugios climáticos, pero sólo constan como participantes seis municipios que no son capitales. Más al sur, la ciudad de Murcia mantiene la misma red que en 2025, con algunos espacios de exterior cuestionables por su sombra insuficiente.
En Andalucía, tres de sus capitales (Cádiz, Granada y Huelva) no disponen de refugios. En el resto, las medidas son deficientes: Sevilla habilita cuatro centros deportivos como refugios para toda su población; Málaga se ha limitado a señalizar una red idéntica a la del año pasado, a pesar de incluir zonas inadecuadas como un parking; Almería ha activado cinco espacios únicamente durante las alertas del último episodio de calor; en Jaén, la mayoría de centros cierran tras el mediodía y algunos no cuentan ni siquiera con fuentes de agua, y Córdoba ofrece sólo ocho refugios, aunque amplían su horario en caso de alerta roja.
Por último, en ninguno de los archipiélagos es posible encontrar refugios climáticos. El Gobierno de Canarias tan sólo ha publicado una guía con recomendaciones para diseñar espacios de exterior. Por otro lado, el Govern ha publicado ayudas para la habilitación de refugios a las que se han acogido varios municipios, pero la ciudad de Palma permanece aún en la fase de diseño de una posible red.
No basta con el cartel de “refugio climático”
“No basta simplemente con etiquetar un espacio como refugio climático. Deben ser efectivos en cuanto a su disponibilidad y accesibilidad para que los puedan utilizar las personas más vulnerables que no encuentran alivio en sus hogares. El reto cada vez es mayor. Las noches tropicales y las temperaturas elevadas continuadas, aunque no sean extremas, también impactan en la salud. Necesitamos con urgencia medidas más transformadoras. Los refugios no son más que un primer paso y vamos demasiado lento”, ha advertido Jiménez.
Horarios, espacios inadecuados y no tener en cuenta a la ciudadanía son las tres principales barreras que lastran la efectividad de los refugios climáticos. Las limitaciones de horario constituyen la principal asignatura pendiente: en todas las ciudades se encuentran refugios de interior con cierres a mediodía, por la tarde o incluso cierres totales durante parte del verano.
En el caso de los espacios, destaca la existencia de refugios sin zonas de descanso, agua o, en el caso de exteriores, sombra suficiente. También existen espacios cuya catalogación como refugios resulta cuestionable, como sucede con las estaciones de transporte, o sin gratuidad clara como mercados, museos y espacios comerciales.
Asimismo, los refugios deben ser concebidos como lugares no sólo de protección, sino de bienestar comunitario que aumenten la resiliencia más allá de los momentos de emergencia [3]. La participación ciudadana es fundamental tanto en el diseño como en la implementación de los refugios, que deben ser una pieza dentro de una estrategia municipal integral de adaptación que transforme los municipios en lugares más justos, seguros y saludables.
En cuanto a los ejemplos positivos, destacan, sobre todo en Cataluña, los microrrefugios, espacios donde el pequeño comercio de barrio participa en la protección de la ciudadanía de forma gratuita. Otra buena práctica es la apertura de patios escolares a la comunidad para su uso como refugios, una medida que, pese a las limitaciones de horario, refuerza la necesidad de adaptar los centros educativos para transformarlos en verdaderos refugios climáticos por su potencial de proteger a todo un barrio más allá de las horas lectivas.
Demandas de Greenpeace
- Acción climática urgente y ambiciosa: todos los gobiernos deben hacer su parte para multiplicar por tres el abandono de los combustibles fósiles y la transición hacia un sistema energético 100% renovable, democrático, social y ambientalmente respetuoso y justo. Una medida clave para ello es aprobar nuevos impuestos a la industria fósil, principal responsable del cambio climático, con los que financiar las medidas de adaptación.
- Planes de adaptación que transformen el espacio público de los municipios: deben partir de un análisis de los impactos del cambio climático y la población vulnerable para identificar las zonas de acción prioritaria y diseñarse de forma participada. Deben incluir soluciones basadas en la naturaleza por sus múltiples beneficios, medidas sociales para reducir la vulnerabilidad de las personas en mayor riesgo, así como contar con objetivos concretos, medibles y financiación adecuada.
- Refugios climáticos efectivos: como medida a corto plazo e integrados dentro de los planes de adaptación, los ayuntamientos deben habilitar espacios para la protección efectiva y el bienestar de la ciudadanía, especialmente la más vulnerable, de forma gratuita, cercana y justa.
En España, los últimos cuatro años (2022-2025) han sido los más calurosos, con el verano de 2025 marcando récord de altas temperaturas. En lo que llevamos de 2026, ya hemos vivido el mayo más cálido desde que hay registros, y junio ha sido el segundo más caluroso de la serie histórica de la Agencia Estatal de Meteorología. La factura del calor, que ya se traduce en un mes de junio con más 1000 personas fallecidas, más de 200 de ellas durante la ola de calor, es inasumible y no responde a una casualidad, sino al calentamiento cada vez más rápido del planeta. La industria fósil es la principal responsable del cambio climático y debe pagar más que hasta ahora por los impactos que provoca su actividad.







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