

Por Patrocinio Navarro Valero
Los incendios no cesan en España, estallan simultáneamente en varias Comunidades y con tal agresividad, tanta extensión y tanto daño, que hasta se puede llegar a pensar que exista algún sujeto o alguna organización que se propone destruir nuestras riquezas naturales y mantener en vilo al país entero. Y lo peor es que España no es un caso aislado, ni mucho menos. El mundo está que arde, literalmente, y a todos nos alcanza uno u otro tipo de fuego.
No hay más que ver las noticias de lo que ocurre en el resto del Planeta, donde arden o se talan a diario miles de hectáreas de bosques en alguna parte del mundo para satisfacer la codicia, el odio, o quién sabe qué deseos de alguien. Y cuando perdemos a los viejos y hermosos árboles, junto al dolor que nos produce ver sus esqueletos calcinados, las casas destruidas, las gentes desesperadas, las cosechas arruinadas, y los paisajes muertos, aparte de valorar la catástrofe para las gentes que sufren esa tragedia no podemos dejar de pensar también en los animales que vivían allí, desconcertados en su dolorosa huida ,atrapados con sus crías y calcinados por el fuego criminal o simplemente desterrados de su hábitat natural por enjambres de máquinas que talan. Por lo que respecta al fuego, casi todos son provocados por la mano del hombre, el terrorista planetario por excelencia.
Los incendiarios
En sentido figurado, puede decirse que existen muchos incendiarios de todo tipo en nuestra amada Tierra. Lo más corriente es recurrir al cambio climático o a perversión de algún sujeto sin conciencia alguna, pero si profundizamos un poco más y vemos el estado general de nuestro mundo nos encontramos con una verdadera avalancha de pensamientos incendiarios,

Apocalipsis climático y general
Emparentado con el fuego, se nos ha venido encima este cambio climático cuyas consecuencias tan solo empezamos a notar con las altas temperaturas y las olas de calor, los deshielos polares, los trastornos estacionales, la falta o el exceso de lluvias,el aumento del movimiento de las placas tectónicas con sus terremotos correspondientes y otros dramáticos efectos secundarios como los ya imparables y masivos movimientos migratorios por la sequía el hambre la represión y las guerras que amenazan desestructurar aún más a todos los niveles (convivenciales, económicos, políticos, etc) un mundo de por sí mal estructurado, estar basado en desigualdades extremas y en manos de gentes carentes de conciencia alguna: ni social, ni ética, lo que lleva a continuos desequilibrios poblacionales, sociales y de bienestar, al racismo y a la exclusión social de propios y migrantes.
“Más madera”
En parecidos términos tendríamos que hablar de nuestra amenazada salud debido a tanto desequilibrio ecológico – que al final ataca y deteriora nuestro propio sistema inmunológico -, al igual que se deteriora cada vez más la salud del mundo animal. O podríamos dirigir nuestra atención a los problemas derivados de la falta de alimentos en la mayor parte del mundo, o alimenta de comida basura mientras una minoría los derrocha en otras partes.
Cualquier persona medianamente informada, aunque no crea en los profetas del Apocalipsis pero sí en la prensa, se siente inquieta ante estos fenómenos que tendrá que vivir en primera persona, o que tendrán que vivir sus hijos o sus nietos y que apuntan – y no es catastrofismo, sino constatación de los datos científicos y someras lecturas de hemeroteca - al fin de nuestra civilización materialista. Así, pues, parece que todos tendremos que preguntarnos tres cosas al menos: ¿cómo hemos podido consentir colectivamente llegar a este punto? ¿cuál es la parte de responsabilidad de cada uno en este inmenso fiasco? Y finalmente ¿qué puede cambiar uno mismo y cómo actuar desde ese cambio?
Semivictimas, semicómplices y falsos bomberos
Algunas organizaciones humanitarias practican la máxima siguiente:”Piensa global, actúa local”. Cada uno tiene que hacerse cargo de su vida, y preocuparse de su entorno y del bien de los más próximos, esté donde esté, pues quien desprecia a uno solo de sus semejantes desprecia a Dios, nos dice el mismo Cristo, porque eso denota involución de la conciencia. Y es lo que ocurre.
Algo determinante en el proceso de nuestra involución colectiva es que nos hemos dejado engañar durante demasiado tiempo; nos hemos auto engañado o hemos confiado demasiado en quienes actúan a espaldas de los valores espirituales o directamente contra ellos, en quienes admiramos por su aparente inteligencia y aparentes virtudes, o simplemente por nuestros políticos y los medios al servicio del poder dominante en todo el mundo que pretenden crear en nosotros la imagen de que precisamente los mayores incendiarios de la paz, el bienestar y la armonía en nuestro Planeta, son nuestros “bomberos salvadores”, que quieren mejorar nuestras vidas, arreglar nuestros problemas colectivos y salvarnos de los males que ellos, los grandes incendiarios, provocan. Les hemos creído, y con ello, somos parte de sus propios incendios. A ver hasta cuándo. Va de retro.


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