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title: "La tiranía del dinero"
article_type: "Article"
description: "El dinero se ha convertido en el rey supremo en el mundo, concentrando el poder y la riqueza en pocas manos, generando una tiranía global."
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date_published: "2026-11-03T00:25:00+01:00"
date_modified: "2026-11-03T00:30:00+01:00"
tags:
  - "democracia"
  - "economía"
  - "humanismo"
  - "poder"
author_name: "Francisco Javier Ruiz-Tagle"
category_name: "Opinión"
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category_description: "Los artículos de opinión son la manifestación de la participación de la ciudadanía en Más Andalucía, representan la pluralidad de nuestra sociedad."
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# La tiranía del dinero

![plutocracia](/download/multimedia.normal.ab1f12a12ad84e6e.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

> IN TERRA SUMMUS REX EST HOC TEMPERE NUMMUS
> (En la Tierra, el Rey Supremo en estos tiempos es el Dinero)

Este verso tiene exactamente ochocientos años. Forma parte del Códex Buranus, también conocido como Carmina Burana, porque fue encontrado en el monasterio de Beuern, Alemania. El manuscrito reúne una serie de poemas o cantos compuestos por los poetas goliardos, una suerte de contracultura medieval que ensalzaba los placeres terrenales y satirizaba a las élites eclesiásticas y políticas, con una lucidez que ha desaparecido en el mundo de hoy.

De hecho, el poema citado critica al dinero, que estaba recién emergiendo en el escenario social, junto con el surgimiento de la burguesía comerciante y artesana. Lo llamaron “el rey supremo”, ya en esa época, ¿cómo lo llamarían hoy? De ninguna manera, porque ya no existen los goliardos: en el mundo actual ha desaparecido la disidencia. Pero lo más insólito es la trayectoria que ha seguido este fenómeno. Si al comienzo afectaba a unas pocas poblaciones europeas, hoy domina el mundo entero sin contrapeso. Todos somos siervos del dinero: los países, las empresas y las personas.

Por esa misma época, cuando el dinero comenzó a circular, surgieron los bancos, que funcionaban en calles y plazas de las primeras concentraciones urbanas (burgos). Desde aquellos lejanos comienzos, la burguesía se hizo cargo de gestionar el negocio de los movimientos del capital y aunque la Iglesia declaró a la usura un pecado mortal, se las arreglaron para seguir operando sin ser juzgados. Podríamos decir que fueron los creadores de una nueva forma de poder y una nueva forma de violencia. Pero instalar esa hegemonía en pugna con los otros poderes, el político y el religioso, no debe haber sido fácil como lo demuestra el exterminio de la orden de los Templarios a comienzos del siglo XIV (que era una especie de banco de la época), por mandato del rey de Francia con la connivencia de la Iglesia, para evadir una deuda gigantesca contraída por la corona.

Hoy, ocho siglos después, el poder hegemónico del capital financiero ya es global, operando volúmenes de dinero inconmensurablemente mayores y con niveles de concentración de esos capitales nunca antes vistos, como queda en evidencia por el hecho de haber llegado a producir el primer billonario (en inglés, “trillonario”) de la historia. El dinero es todo y más “rey supremo” que nunca.

Pero, además, ahora se trata de un poder oligopólico concentrado en 28 instituciones financieras, que acumulan el 90% de los activos financieros del mundo, como lo demuestra el economista F. Morin en su libro *La hidra mundial* (2015). Tan enorme nivel de concentración les otorga a estas entidades un poder extorsivo equivalente por el simple hecho de ser demasiado grandes para caer (“too big to fail”), como quedó demostrado en la crisis sub-prime del 2008: el paquete de rescate, gestionado a través de la acción concertada de seis bancos centrales (EE UU, Unión Europea, Japón, Canadá, Gran Bretaña y Suiza) alcanzó, un año después, la suma aproximada de 17 billones de dólares.

Este dispositivo financiero, que surgió en las calles medievales como una forma de proteger el circulante que ya se estaba haciendo habitual con el auge del comercio y la producción artesanal, siguió creciendo durante un largo período, prácticamente sin resistencia, hasta alcanzar el inconcebible nivel de acumulación que lo caracteriza en la actualidad. En realidad, aparte de los goliardos ya mencionados, que constituyeron una típica respuesta contracultural sin demasiado efecto real, la reacción más importante provino, alrededor de un siglo después, de la orden religiosa franciscana, la congregación más importante de la iglesia medieval.

A esas alturas de la historia, la jerarquía eclesiástica también había terminado seducida por la riqueza y la posesión. En ese contexto, una facción de la orden franciscana denominada “los espirituales” (y su expresión más radical, los “fraticelli”) se rebelaron contra las disposiciones del papa Juan XXII referidas a aceptar la riqueza y particularmente la posesión. Siguiendo el mandato de su fundador, Francisco de Asís, sostenían que la Iglesia debía renunciar a cualquier forma de propiedad, salvo la necesaria para la subsistencia. La respuesta pontificia fue declararlos herejes, hacerlos perseguir por la Inquisición hasta destruirlos y quemar en la hoguera a muchos de ellos.

Se podría decir, con bastante certeza histórica, que esta fue casi la única expresión de resistencia organizada frente al proceso de acumulación de la riqueza hasta el surgimiento de los socialismos y su rechazo radical de la propiedad privada, durante el siglo XIX. Pero ni siquiera este elaborado intento reciente, tanto teórico como práctico y que se extendió por más de un siglo, logró detener la tendencia endémica del gran capital a concentrarse cada vez en menos manos. La única diferencia es que hoy esas operaciones especulativas ya no son manejadas por personas, sino por algoritmos, lo que configura su momento de mayor deshumanización.

El dinero ha existido durante miles de años y la especulación también. Considerando el largo tiempo transcurrido, ¿hay algo que pueda hacerse para superar esta verdadera adicción humana por la posesión y el lucro?

## **La distopía perpetua**

Al retroceder en el tiempo, queda en evidencia un hecho crucial: la historia humana parece tender a repetirse como una perpetua distopía. Siempre el poder concentrado en una minoría, siempre la riqueza concentrada en pocas manos. Oligarquías y oligopolios. Si para esos fenómenos ya existían los nombres, ahora se ha agregado una nueva denominación para un nuevo fenómeno: la tecnoligarquía, es decir, el control social en manos de una minoría tecnológica, tal como lo estamos viendo a diario.

La democracia representativa como la conocemos hoy es una especie de conciliación: el poder, nuevamente, es ejercido por una minoría, pero al menos se trata de una élite elegida por el conjunto de la ciudadanía. Sin embargo, como ya hemos dicho, se trata de una respuesta de compromiso más que una solución real, porque esas élites están permanentemente expuestas al tráfico de influencias con los poderes fácticos, tal como se ha evidenciado fehacientemente durante las últimas elecciones en América Latina. Desde la Atenas de Pericles (s. V a. e. c.), donde la elección de los cargos se hacía por azar, hasta la democracia representativa actual, es todo lo que se ha avanzado a lo largo de 2.500 años. No es mucho, considerando el extenso período de tiempo transcurrido.

El punto es que nunca en la historia humana se ha logrado superar esta tendencia a la concentración del poder, cualquiera sea su género (económico, religioso, político, etc.). Poder es sinónimo de concentración, no se concibe una forma de poder desconcentrado. Las democracias modernas han intentado regular esa tendencia, poniendo límites al ejercicio del poder político, pero no pudieron hacer lo mismo con el dinero que al alcanzar un nivel de concentración tan grande, ha devenido una tiranía global. ¿Qué significa esto en la práctica? Que está en situación de poner condiciones a los países que demandan su inversión: desregulación, impuestos bajos o nulos, un Estado mínimo. La principal gestión de los gobiernos de derecha (que se han multiplicado durante los últimos años en el mundo) es desmantelar el área social de los estados que administran para atraer al gran capital, dejando con ello a la intemperie aquellos segmentos más vulnerables de su población.

Si después de este largo recorrido el dinero ha llegado a ser “summus rex” en plenitud, convirtiendo al mundo en una monstruosa plutocracia, ¿se puede hacer algo a estas alturas para revertir la compulsión concentradora? Al parecer, no mucho, pero consideramos que es válido y necesario dejar abierta una ventana de diálogo al respecto.

***[Francisco Javier Ruiz-Tagle](https://www.pressenza.com/es/author/francisco-javier-ruiz-tagle/)**  
Chileno, trabaja en Diseño y Comunicación. Miembro activo y comprometido con el Humanismo Universalista desde los inicios de esta corriente de pensamiento y acción. Asesor comunicacional de las campañas electorales del Partido Humanista en Chile y analista de la realidad social.*

*Tomado de **[Pressenza](https://www.pressenza.com/)***

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