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title: "El carnicero de Beni Chicar"
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  - "relatos"
author_name: "Juanjo Florensa"
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author_bio: "Técnico de turismo, miembro de la asociación Melilla para la UNESCO. Colaborador de medios de comunicación y conferenciante."
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# El carnicero de Beni Chicar

![El carnicero de Beni Chicar](/download/multimedia.normal.953fbe7be60f3532.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Las calurosas noches de verano en las playas de la kábila de Beni Chicar apenas a doce kilómetros de Melilla, tenían el don de hacer hablar a los más ancianos.

Entre el rumor de las olas del Mediterráneo y el resplandor de las luces de gas escuché una historia que según decían solo debía contarse cuando caía la noche.

Ocurrió hace muchos años en un domingo de mercado en el Zoco El Had. Un carnicero atendía su puesto cuando un perro flaco comenzó a olisquear la carne.

Temiendo que los clientes rechazaran el género, el hombre dominado por un arrebato de ira lanzó el hacha para espantarlo.

La hoja alcanzó fortuitamente la pata delantera izquierda del animal que huyó con un desgarrador aullido mientras algunos curiosos reían la escena.

Al terminar la jornada, el carnicero cargó sus utensilios en un pequeño carro tirado por un burrito y emprendió el camino de vuelta hacia Dar Aura en dirección al Cabo Tres Forcas.

A medio camino encontró a un hombre cubierto con una chilaba que caminaba cojeando apoyando apenas el pie izquierdo. —Buen hombre, ¿quiere que le acerque? —**Chucram** —respondió en tamazight mientras subía al carro.

![El carnicero junto al Djin](/download/multimedia.normal.be6d0449262e3119.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Durante el trayecto conversaron con naturalidad. El viajero comentó que no pertenecía a aquella kábila. —Vengo de muy, muy lejos... de un lugar cuyo nombre no conocerías. Su voz era serena pero sus ojos profundamente negros inquietaban al carnicero.

Al llegar a un cruce del camino el desconocido pidió detenerse. Antes de bajar levantó la chilaba y mostró su pie izquierdo. La herida era exactamente igual a la que el carnicero había causado aquella misma mañana al perro. —¿Reconoces esta herida?. El hombre palideció. —Perdóname. No quise hacerte daño, solo intentaba asustarte.

Si un perro olisquea la carne nadie la habría comprado después. Entonces los ojos del viajero cambiaron cuando el negro intenso se convirtió en un rojo encendido, como brasas vivas.

El aire pareció detenerse. El desconocido apoyó una helada mano sobre el hombro del carnicero. —Te esperaba para matarte por el dolor que me causaste. Pero el arrepentimiento sincero vale más que la venganza. Hoy conservarás la vida.

El carnicero aún temblando le ayudó a bajar del carro mientras el sol desaparecía en el horizonte del mar. Cuando reanudó la marcha miró hacia atrás pero el camino estaba completamente desierto, sin rastro del viajero. Comprendió entonces que había compartido el camino con un **“Djinn”** que es uno de los seres de fuego sin humo mencionados en el Corán.

Presa del miedo, comenzó a recitar versículos de protección hasta llegar a su casa. Desde aquel día cada vez que un perro se acercaba a su puesto del mercado del Zoco El Had; el carnicero le ofrecía un cuenco de agua y un trozo de carne.

Jamás volvió a ver al misterioso caminante y los viejos del lugar aseguran que cuando el sol se oculta tras el Cabo Tres Forcas unos ojos rojizos siguen vigilando el camino para recordar a los hombres que incluso algunos de los seres más poderosos respetan el arrepentimiento sincero y que la compasión es el mayor de los hechizos.

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