Mayores 60

Envejecimiento activo, salud, bienestar y calidad de vida

El envejecimiento activo es un proceso de optimización de oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida con el paso del tiempo.

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Un mensaje inequívoco producto de la experiencia: “El envejecimiento no se puede evitar, 

sin embargo, sí que podemos influir en sus consecuencias de manera positiva, 

con estilos de vida saludables, que nos proporcionarán: recursos de salud.

El envejecimiento es un proceso continuo, heterogéneo y condicionado por factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos y ambientales. No existe una única forma de envejecer: personas de la misma edad cronológica pueden presentar niveles muy diferentes de salud, autonomía y participación, ya que en el envejecimiento influyen multitud de factores que interaccionan unos con otros provocando que cada uno de nosotros envejezca de manera diferente a como lo hacen los demás, incluso entre los miembros de la misma familia. Las diferentes formas de envejecer las podemos agrupar en tres: Envejecimiento activo, normal y patológico.

Gro Harlem Brundtland, primera ministra de Noruega (1981, 1986 -1989 y 1990 -1996) y “Direct General de Organización Mundial de la Salud” (1998 – 2003), sobre el envejecimiento, manifestó en 1999: “... el envejecimiento de la población es, ante todo y, sobre todo, una historia del éxito de las políticas de salud pública, así como del desarrollo social y económico...”.

El término “Envejecimiento Activo” surgió en EE. UU. durante la década de los 60 (siglo XX) como antítesis de la Teoría de la Desvinculación (Cummings y colaboradores, 1961), la cual veía la vejez como un período inevitable de la retirada de las funciones y relaciones sociales; este modelo, propuesto por Cummings y colaboradores, hace hincapié en la necesidad de reducir la participación en diversos tipos de actividades a medida que aumenta la edad, la tarea central del envejecimiento se convierte así en ir abandonando gradualmente y de la mejor manera posible, en un proceso gradual de retirada. Esta teoría tuvo cierta influencia en los años 60 (siglo XX). En el plano individual, Robert James Havighurst ha sido reconocido como el primero en utilizar el concepto de envejecimiento activo (1961). Havighurst afirmó que para que la gerontología pudiese realizar correctamente su tarea, se debería haber elaborado una teoría sobre el envejecimiento con éxito que describiese las condiciones a través de las cuales promover el máximo nivel de satisfacción y felicidad, una teoría que tendría que convertirse en un tema central de dicha disciplina. 

La OMS (1990), en un primer momento, hablaba de “envejecimiento saludable”, enfoque basado en la salud de las personas y centrado en el proceso fisiológico que ocasiona cambios positivos, negativos o neutros en el ciclo de la vida y que se acentúa con los años; sin embargo, en 2002, en su documento “Envejecimiento activo: un marco político”, emitió la definición de “envejecimiento activo”. 

¿Qué es el “envejecimiento activo”? “El envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. El término fue adoptado con la intención de transmitir un mensaje más completo que el de “envejecimiento saludable” y reconocer los factores que junto a la atención sanitaria afectan a la manera de envejecer de los individuos y las poblaciones. De lo manifestado por la OMS, debemos resaltar que la “actividad” se relaciona con la participación continua de la persona en la vida social, económica, cultural, espiritual y ciudadana y no sólo con el hecho de estar físicamente activa o desarrollar una actividad profesional. 

No puede ponerse en duda que envejecer activamente tiene un impacto preventivo y de promoción de la salud. El envejecimiento activo trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquellas personas frágiles, discapacitadas o que necesitan asistencia. En línea con esta afirmación de la OMS, se podría decir que: con el envejecimiento activo se incrementa de manera considerable la posibilidad de hacer coincidir la esperanza de vida con la esperanza de vida libre de discapacidad. Del concepto de envejecimiento activo se desprenden algunos criterios: 

  • LA AUTONOMÍA: Es la capacidad percibida de controlar, afrontar y tomar decisiones personales acerca de cómo vivir al día de acuerdo con las normas y preferencias propias.

  • LA INDEPENDENCIA: Se entiende comúnmente como la capacidad de desempeñar las funciones relacionadas con la vida diaria, es decir, la capacidad de vivir con libertad en la comunidad recibiendo poca ayuda, o ninguna, de los demás.

  • LA CALIDAD DE VIDA: Es la percepción individual de la propia posición en la vida dentro del contexto del sistema cultural y de valores en que se vive y en relación con sus objetivos, esperanzas, normas y precauciones. Es un concepto de amplio espectro, que incluye de forma compleja la salud física de la persona, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, sus creencias personales y su relación con las características destacadas de su entorno” (OMS, 1994). A medida que las personas envejecen, su calidad de vida se ve determinada en gran medida por su capacidad para mantener la autonomía y la independencia.

  • LA ESPERANZA DE VIDA SALUDABLE: Se utiliza comúnmente como sinónimo de “esperanza de vida libre de discapacidad”. Mientras la esperanza de vida al nacer sigue siendo una importante medida del envejecimiento de la población, el tiempo que pueden las personas esperar vivir sin discapacidad resulta especialmente importante para una población que envejece. Con la excepción de la autonomía, que es notablemente difícil de medir, los otros conceptos mencionados se han elaborado como intentos de medir el grado de dificultad que tiene una persona mayor para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD), entre las que se encuentran bañarse, comer, ir al baño, pasear, etc.; y las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD), que incluyen ir de compras, hacer las tareas domésticas, manejar dinero, etc.

La OMS utiliza el término “ENVEJECIMIENTO ACTIVO” para expresar el proceso por el que se consigue el objetivo de hacer del envejecimiento una experiencia positiva. Una vida más larga debe ir acompañada de oportunidades continuas de salud, participación y seguridad. 

Los cuatro pilares sobre los que se asienta el envejecimiento activo son: Salud (física y mental), Participación en la sociedad, Aprendizaje durante toda la vida (añadido en 2015) y Seguridad. Políticas efectivas que aborden estos cuatro pilares del envejecimiento activo aumentarán muchísimo la capacidad de los individuos para encajar los recursos a lo largo del curso de vida para su resiliencia y bienestar personal. 

En 2002 la OMS promulgó un conjunto de Determinantes del Envejecimiento Activo, interrelacionados, al objeto de clarificar los múltiples factores interactivos que indican si una persona envejece activamente. Estas influencias o “determinantes” que rodean a las personas, se agrupan en determinantes transversales (cultura y género) y determinantes longitudinales (sociosanitarios, conductuales, personales, entorno físico, entorno social y económico).

 

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El Envejecimiento Activo permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo su ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras que les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan asistencia. Los individuos que envejecen activamente aprovechan cualquier ocasión a lo largo de sus vidas para adquirir y mantener la salud, ocupaciones significativas, relaciones sociales, nuevas habilidades, conocimiento y necesidades materiales. Por eso, como cita S. Mitch y colaboradores “...el envejecimiento activo puede enmarcarse en la actual perspectiva teórica de resiliencia, definida como tener acceso a las reservas necesarias para adaptarse, superar o crecer desde los desafíos con los que el individuo se encuentra en la vida”. 

Todos los determinantes interactúan formando una red dinámica de condiciones de protección que pueden tanto alentar el desarrollo de reservas para respuestas resilientes como crear riesgos que obstaculicen el desarrollo de esas reservas, o las erosionen completamente. Es decir, el envejecimiento activo es la interacción dinámica, a lo largo de toda la vida, del riesgo y la protección en la persona y en su entorno. Al mismo tiempo, cada determinante influye también, de manera concreta, en el envejecimiento activo. 

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¿Qué desafíos nos presenta el envejecimiento en el siglo XXI, para un adecuado envejecimiento activo? El envejecimiento de la población también ofrece desafíos económicos, sociales y culturales a las personas, las familias, las sociedades y la comunidad mundial, aspectos que influyen en el envejecimiento activo de los individuos. Las repercusiones sociales y económicas de este fenómeno son profundas y exceden en mucho el ámbito inmediato de la propia persona de edad y de su familia, pues involucran de manera sin precedentes a los gobiernos, a la sociedad en general y a la comunidad mundial ¿Cuáles son, en detalle, los desafíos de este envejecimiento para un adecuado envejecimiento activo?

Tradicionalmente, la vejez se ha relacionado con la enfermedad, la dependencia y la jubilación. Las políticas y los programas vinculados a este paradigma desfasado no reflejan la realidad. No cabe duda de que la mayoría de las personas se adaptan a los cambios con la edad y siguen siendo autónomos, incluso siendo ya muy ancianos, sin embargo, no todas llegan a la vejez en las mismas condiciones: la pobreza, la discriminación, los trabajos físicamente exigentes, la discapacidad, la ruralidad o la falta de apoyos pueden acumular desventajas a lo largo de la vida. Por eso, hablar de envejecimiento activo exige una mirada de equidad: adaptar los recursos a las necesidades y eliminar barreras, en lugar de exigir a todas las personas el mismo nivel de actividad.

Promover el envejecimiento activo no significa responsabilizar a cada individuo de su salud ni presentar la dependencia como un fracaso. Las personas tienen derecho a recibir cuidados y apoyos cuando los necesitan. También es esencial combatir el edadismo: los estereotipos que asocian vejez con inutilidad, fragilidad inevitable o incapacidad. La intervención debe respetar la autonomía, la intimidad, la diversidad cultural y las decisiones de cada persona.

Ha llegado el momento de instaurar un nuevo modelo que considere a las personas mayores participantes activas de una sociedad que integra el envejecimiento y que considere a dichas personas contribuyentes activos y beneficiarios del desarrollo. Esta fórmula desafía también la perspectiva tradicional de que el aprendizaje es un asunto de niños y jóvenes, el trabajo de adultos y la jubilación es un problema de la vejez. Reclamamos programas que apoyen el aprendizaje a todas las edades y permita a la gente entrar o salir del mercado laboral para asumir papeles de cuidadores en distintas épocas de su vida. Este enfoque defiende la solidaridad entre las generaciones y proporciona más seguridad a los niños, los padres y las personas mayores.

El envejecimiento activo es un enfoque de salud pública y de derechos que busca que las personas puedan vivir más años con la mejor calidad de vida posible, manteniendo oportunidades de salud, seguridad, autonomía y participación. No se reduce a hábitos individuales: requiere comunidades inclusivas, servicios accesibles y políticas que reduzcan desigualdades. El objetivo no es añadir años a la vida a cualquier precio, sino crear condiciones para que cada persona pueda vivirlos con dignidad y sentido. 

Miguel Anxo Álvarez González

Gerontólogo. Miembre del Grupo Senior de la SEGG

Especialista en Psicopatología y Salud

Enviado por José Antonio Sierra

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