


El cambio al horario de invierno puede afectar a la atención y la concentración
Redacción


La madrugada del domingo 25 de octubre, los relojes se retrasarán una hora para dar paso al horario de invierno. Aunque el cambio permite ganar una hora en el reloj, el organismo necesita tiempo para ajustar sus ritmos biológicos y adaptarse a los nuevos horarios.
La madrugada del próximo domingo, cuando sean las tres volverán a ser las dos. El cambio al horario de invierno permitirá dormir una hora más sobre el papel, pero no significa necesariamente que el descanso vaya a mejorar. El reloj biológico sigue sus propios ritmos y puede necesitar varios días para adaptarse, con posibles efectos sobre el sueño, la atención y la capacidad de concentración.
El organismo dispone de un sistema interno que regula los ciclos de sueño y vigilia, los niveles de alerta y otros procesos que varían a lo largo del día. Este reloj biológico se sincroniza, principalmente, a través de señales ambientales como la luz natural. Cuando cambian los horarios oficiales, el cuerpo no siempre ajusta sus ritmos de forma inmediata.


La adaptación depende de cada persona. Mientras algunas apenas perciben diferencias, otras pueden experimentar somnolencia, alteraciones del sueño o dificultades para mantener la atención durante los días posteriores al cambio.
Un ajuste generalmente más sencillo que en primavera
El paso al horario de invierno suele resultar más llevadero que el cambio de primavera, cuando los relojes se adelantan una hora y se pierde tiempo de sueño potencial. Retrasar el reloj puede facilitar el ajuste de los ritmos circadianos, aunque la respuesta individual varía.
Además, el horario de invierno acerca las primeras horas de actividad diaria a la luz de la mañana, una señal importante para sincronizar el reloj biológico.
Sin embargo, disponer de una hora adicional en el horario oficial no garantiza un descanso más prolongado ni de mayor calidad. Quienes mantienen sus rutinas habituales pueden despertarse a la misma hora biológica de siempre, al menos durante los primeros días, y notar que el sueño se desplaza respecto a sus obligaciones cotidianas.
Cómo puede afectar a la atención y la memoria
Dormir poco o descansar mal tiene consecuencias sobre el funcionamiento cognitivo. Entre las más habituales se encuentran la dificultad para mantener la concentración, los lapsos de atención y una mayor lentitud al responder ante determinadas situaciones.
También pueden verse afectadas la memoria de trabajo, que permite retener y utilizar información durante un breve periodo, y algunas tareas que requieren planificación o toma de decisiones.
Estas dificultades pueden aparecer en actividades cotidianas: perder el hilo de una conversación, tener que releer varias veces un mensaje o necesitar más tiempo para terminar una tarea. No obstante, conviene distinguir entre los efectos de la falta de sueño y los del cambio horario en sí mismo. No todas las personas experimentan estas alteraciones ni puede afirmarse que retrasar una hora el reloj provoque necesariamente un deterioro cognitivo.
Rutinas sencillas para facilitar la adaptación
Mantener unos horarios regulares de sueño, evitar acumular falta de descanso y aprovechar la luz natural durante el día son medidas que pueden ayudar al organismo a adaptarse.
También conviene moderar la exposición a la iluminación intensa cuando se acerca la hora de dormir y mantener una rutina nocturna que favorezca el descanso. La actividad física, los paseos al aire libre y las actividades sociales agradables pueden contribuir al bienestar durante los días de transición.
La adaptación no sigue el mismo ritmo en todas las personas. Si los problemas de sueño, el cansancio o las dificultades de concentración persisten durante una o dos semanas, es recomendable consultar con un profesional sanitario para valorar otras posibles causas. Si la somnolencia compromete la seguridad, por ejemplo al conducir, conviene actuar sin esperar a que transcurran esos días.
El domingo bastará con retrasar las agujas del reloj, pero el organismo seguirá su propio calendario. La clave para afrontar el cambio no está solo en aprovechar la hora adicional, sino también en cuidar el descanso, mantener rutinas estables y prestar atención a las señales del cuerpo.








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