



Tiene el cuello azul intenso, dos llamativos pliegues rojos, un casco sobre la cabeza y una enorme garra que puede alcanzar los 12 centímetros.
El casuario parece un animal llegado de otra época. Es un ave que no puede volar, pero puede correr a unos 50 kilómetros por hora y cuenta con unas poderosas patas que utiliza como mecanismo de defensa cuando se siente amenazada.
Sin embargo, detrás de su espectacular anatomía existe una función ecológica mucho menos conocida y fundamental: el casuario es uno de los grandes jardineros de las selvas tropicales.


Con motivo del Día Mundial del Casuario, que se celebra este 26 de septiembre, BIOPARC Fuengirola pone el foco en esta singular especie y en el papel que desempeña en la conservación de los bosques tropicales. El casuario común (Casuarius casuarius) se alimenta principalmente de frutos que ingiere enteros. Al desplazarse por la selva, transporta las semillas y las deposita a grandes distancias del árbol del que proceden, favoreciendo así el nacimiento de nuevas plantas.
Su función no se limita a transportar semillas. En algunas especies vegetales, atravesar el aparato digestivo del casuario puede aumentar de forma extraordinaria su capacidad de germinación.
Uno de los ejemplos más llamativos corresponde al árbol tropical Ryparosa kurrangii, una especie rara de las selvas del norte de Queensland, en Australia. Un estudio publicado en 2004 en la revista científica Functional Plant Biology analizó, entre otros aspectos, el efecto de la alimentación del casuario sobre sus semillas.
Los resultados mostraron una diferencia significativa: únicamente el 4 % de las semillas del grupo de control llegó a germinar, mientras que aquellas que habían sido ingeridas por casuarios y posteriormente depositadas alcanzaron un 92 % de germinación. Los investigadores concluyeron que el paso por el aparato digestivo del ave mejoraba considerablemente la capacidad de las semillas para germinar.
El estudio se realizó con el casuario austral (Casuarius casuarius johnsonii), una subespecie de Casuarius casuarius, especie a la que pertenece el casuario común que conserva BIOPARC Fuengirola.
Un ave con aspecto prehistórico
El aspecto del casuario es difícil de confundir. Su cuerpo está cubierto por un denso plumaje negro, mientras que la cabeza y el cuello presentan una intensa combinación de colores azules y rojos. Sobre la cabeza se encuentra el llamado casco, una estructura característica cuya función continúa siendo objeto de estudio.
Es un ave adaptada a la vida terrestre, con unas patas especialmente robustas y una larga garra en el dedo interior. Aunque su aspecto pueda resultar intimidante, esta anatomía responde a su adaptación a un entorno en el que se desplaza principalmente por el suelo de la selva.
El macho incuba los huevos
Su comportamiento reproductivo también rompe con algunas ideas habituales sobre las aves. En el casuario es el macho quien incuba los huevos y se ocupa posteriormente de los polluelos.
Después de la puesta, la hembra puede continuar su ciclo reproductivo, mientras el macho permanece junto al nido durante varias semanas, incubando los huevos y posteriormente acompañando y protegiendo a las crías.
El casuario común habita en las selvas tropicales de Nueva Guinea, las islas cercanas y el noreste de Australia. Como gran frugívoro y dispersor de semillas, mantiene una estrecha relación con los ecosistemas donde vive.
Para BIOPARC Fuengirola, conservar esta especie significa también contribuir a proteger las selvas tropicales de las que depende. La relación entre el casuario y las plantas muestra cómo la conservación de una especie puede estar directamente vinculada a la regeneración y diversidad de todo un ecosistema.





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