
Los premios Óscar y sus ecos en los Goya: 1929-1987
Redacción


Por Rosa M. Ballesteros García
Corría el mes de mayo de 1929 y la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, en reconocimiento a la excelencia y en honor de los profesionales de la industria cinematográfica de los Estados Unidos, presentaba en el hotel Roosevelt de la ciudad californiana de Los Ángeles la ceremonia inaugural de los Óscar para premiar los trabajos de 1927 y 1928 (todos de películas mudas), hasta la siguiente emisión, en 1930, donde ya se dieron a filmes hablados.


El primer premio a la Mejor película fue para Alas, un drama bélico dirigido por William A. Wellman. Los actores galardonados fueron Janet Gaynor, protagonista principal del melodrama El séptimo cielo de Frank Borzage y el actor Emil Jannins por The last command, dirigida por Josef Von Sternberg. Detrás de toda esta operación estaba el todopoderoso y controvertido Luis B. Mayer, un judío ucraniano emigrado en los Estados Unidos, productor y presidente de Metro-Goldwyn-Mayer, de quien Budd Schulberg publicó, en 2006, una magnífica biografía titulada Memorias de un príncipe de Hollywood. Hasta la fecha, 2026, se han producido 98 ediciones del evento, el más antiguo de su género.
Como era lógico, a imitación de los Óscar, surgieron los premios más importantes en Europa tras finalizar la Segunda Guerra Mundial: Premio Genie (Canadá, 1946); Bafta (Reino Unido,1947); Premio Bodil (Dinamarca, 1948); Deutscher Filmpreis (Alemania, 1951); David de Donatello (Italia, 1956); Guldbagge (Suecia 1964) o César (Francia, 1975). Junto a estos países: Argentina (Cóndor de Plata, 1943) y México (Ariel, 1946) o el intermitente festival de Cannes, el más veterano de Europa (1932).
Como no podía ser menos, España se incorporaría algo después a estos galardones. Tras la larga dictadura, el posfranquismo y, especialmente desde los años 60, emerge una cinematografía que hizo «encaje de bolillos» (si se nos permite la expresión) para burlar la censura con películas como el ya clásico tríptico de La caza (1965), La prima Angélica (1974) o Cría cuervos (1975), de Carlos Saura; El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice o Furtivos de José Luís Borau (1973), por citar las más relevantes, entre otras, anteriores de los años 50, como: Surcos, Esa pareja feliz, Bienvenido Míster Marshall, Cómicos o Muerte de un ciclista, dirigidas por un par de «chicos malos» como Juan Antonio Bardem y Luís García Berlanga.
Todos los citados, títulos y directores comprometidos con un cine más social, son el ejemplo más concreto del panorama cinematográfico del que disfrutábamos los españoles. Lo expresa muy certeramente el profesor Roman Gubern en su Historia del cine: «El cine español está muerto. ¡Viva el cine español!». Varios de estos directores fueron protagonistas de las llamadas «Conversaciones de Salamanca», unas jornadas dedicadas a la reflexión y al estudio de las distintas corrientes cinematográficas, a partir de la Guerra Civil, organizadas por el director salmantino Basilio Martín Patino[1] en mayo de 1955.
Como ya adelantamos, España no podía ser ajena a estos reconocimientos, y en su primera convocatoria de 1986 los Premios Goya de la Academia Española galardonaron como mejor película a El viaje a ninguna parte, un guiño a los antiguos cómicos de la legua, dirigida y protagonizada por Fernando Fernán Gómez y guion basado en su novela homónima, una comedia-drama que agrupa un buen número de actores y actrices, entre otros: José Sacristán, Laura del Sol, Juan Diego, María Luisa Ponte, Gabino Diego, Emma Cohen o Helena Fernán-Gómez. El Goya a mejor interpretación femenina fue para Amparo Rivelles por su papel en Hay que deshacer la casa, una comedia-drama de José Luis García Sánchez. El premio a mejor actor protagonista fue para Fernando Fernán-Gómez por Mambrú se fue a la guerra, de nuevo una comedia-drama, que también dirigió. Durante su carrera ha recibido numerosos premios. Referente a los Premios Goya, ha sido cinco veces premiado (2 como mejor actor protagonista, 1 como actor de reparto, 1 como mejor director y 2 como mejor guionista). Como dato adicional, la primera estatuilla fue obra del escultor malagueño (Villanueva de Algaidas) Miguel Ortiz Berrocal y el actor más nominado (14) es el malagueño Antonio de la Torre, que también ha conseguido sus dos estatuillas en 2006 y 2011.
Por otra parte, no podemos dejar de citar algunos de nuestros profesionales del cine que intervinieron en el ámbito de Hollywood desde su etapa muda hasta la actualidad. Entre otros: Juan de la Cierva, un ingeniero ganador del primer Óscar en 1969 a la mejor invención técnica: el Dynalens[2]; el director de arte Gil Parrondo (19970, 1971); el fotógrafo Néstor Almendros (1978); David Martí, Montse Ribé (mejor maquillaje) y Eugenio Caballero y Pilar Revuelta (mejor dirección artística) por El Laberinto del fauno (2005); directores como Luis Buñuel (1972); José Luis Garci (1983); Fernando Trueba (1993); Alejandro Amenábar (2004) y Pedro Almodóvar (1999, 2003) o la pareja de actores Javier Bardem (2008)[3] y Penélope Cuz (2009), que han sido nominados en varias ocasiones (como actor y actriz secundarios), el primero en 2008 en la película No es país para viejos de los hermanos Coen; su compañera lo consiguió al año siguiente por Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen.
Un dato importante: España consta como tercera en el ranking de países con más películas a competición en la categoría de Mejor película de habla no inglesa (solo por detrás de Francia e Italia). En total 21 películas: La venganza (1958) de Juan A. Bardem (uno de los «chicos malos») y la última, La sociedad de la nieve de Juan A. Bayona (2023). 15 de ellas obtenidas a partir de la Transición.
Rosa M. Ballesteros García,
Vicepresidenta del Ateneo,
[1] Director de películas como Nueve cartas a Berta (1965) o documentales como Canciones para después de una guerra (1971), Queridísimos verdugos (1973) y Caudillo (1974).
[2] Se utilizó por primera vez en la película de 1970: ¡Tora! ¡Tora!¡Tora!
[3] El actor, con cuatro años, intervino en la serie El Pícaro, de Fernán Gómez. Él contaba en una entrevista que en una de las escenas tenía que reírse, pero se asustó y se pudo a llorar. Para consolarle y que pasara el mal rato, un compañero de escena exclamó: «No pasa nada, dejadle, es un actor dramático». Tuvo un buen ojo, aunque también ha interpretado comedias: Airbag, El buen patrón o Vicky Cristina Barcelona.








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