
Por Patrocinio Navarro
La libertad es un tesoro de tal calibre que ni un simple insecto soporta que se le robe, lo que pone en evidencia que es algo tan natural como la propia vida de un ser, que cuando es pensante, ¿ qué decir, sino que le puede resultar simplemente intolerable que se le suprima, a no ser que sea manipulado mentalmente o encarcelado? Y una de las dos cosas sucede a diario a millones de nuestros semejantes en este mundo fundamentado en la manipulación mental, la mentira la extorsión y la violencia en beneficio de unos pocos que ansían controlar la libertad del resto para disfrutar la suya sin ninguna oposición, como desea el fascismo “made in USA” y su rebaño de imitadores en todas partes.
Durante siglos, la humanidad ha soportado el espectáculo teatral de poderosas fuerzas enemigas de la Verdad tanto la social como la espiritual disfrazadas con diversidad de ropajes cuidadosamente elegidos por toda clase de poderes: religiosos, militares, políticos, culturales, mediáticos, financieros y otros menos visibles con el mismo fín: controlar y dominar las conciencias.


Tales cosas se hicieron y hacen posibles mediante una compleja red de alianzas y acuerdos sobre el respectivo papel de cada una de esas fuerzas y la delimitación de sus poderes respectivos entre sí. Mediante diversos actores de quita y pon para dar la cara en su nombre, tales fuerzas actúan en nuestro mundo desde sus escenarios respectivos utilizando métodos muy semejantes y casi invariables en el tiempo por cada sector de poder. Engaños, traiciones, conspiraciones, diversos tipos de manipulación, -incluida la mental y emocional,- y otras formas mucho menos sutiles, como la violencia extrema hasta el asesinato o la guerra, son muy corrientes. Si hay que engañar, se engaña; si hay que encarcelar, se encarcela; si hay que difamar, se difama. Si hay que asesinar, pues ese asesina. Y no hay límites. No hay más que pensar un segundo en Gaza, Cisjordania o Líbano. ( Luego vendrán otros, por supuesto)
Con estos modos salvajes se persigue invariablemente controlar territorios, conciencias, o la energía personal y los recursos materiales del Planeta. Y hoy más que nunca resulta evidente todo esto. Es por eso que cada individuo desde su nacimiento hasta su muerte está sujeto a múltiples controles burocráticos, desde el ser bautizado en una religión, a poseer un carnet de identidad nacional, por poner dos ejemplos tan solo. Y no digamos ahora con el uso de Internet y su demanda de datos a cada usuario.
Campañas sistemáticas de "pedagogía popular" son promovidas desde palacios, catedrales, mezquitas, sedes de gobiernos, centros de inteligencia militar y grandes corporaciones financieras en perfecta sintonía, y divulgadas por agencias de prensa, radios y televisiones públicas y redes de Internet en manos privadas para uniformar las mentes y someter las conciencias para que respondan correspondiente a los intereses de sus dueños. Los muchos no se enteran de este juego, y los pocos son poco escuchados, porque precisamente se les dan pocas oportunidades.
Nada de esto sucede por azar. El azar no existe
Los niños son programados ya desde la propia familia, y luego en la escuela, para que acepten todo aquello que deben aceptar para integrarse en el rebaño de espectadores, creadores de riqueza, y sumisos votantes y consumidores. Principalmente se trata de aprender desde la niñez que es necesario someterse a todos aquellos a quienes se les define como autoridad, renunciar a su capacidad crítica y creatividad y a ser individualistas y competitivos ya desde la etapa escolar. Se les enseña en etapas sucesivas que deben aceptar a todo tipo de intermediarios: religiosos, políticos, económicos, culturales y mediáticos.
Desde la cuna hasta la sepultura todo está previsto y reglado en la vida de la gente
porque estos asuntos son determinantes para que funcione la sociedad del espectáculo-extorsión mediante el cual unos pocos súper-ricos- disponen de poder, reconocimiento social y riquezas mientras los muchos otros- divididos en estratos sociales de bienes de mayor a menor hasta cero- intentan acomodarse a las dificultades y carencias que producen las enormes brechas entre los poseedores y los desposeídos, que cada viven peor, o cada día mueren en naufragios de pateras ( más de treinta mil solo en nuestro Mediterráneo) intentando huir de la miseria y las guerras que producen los grandes poseedores del mundo rico.
Esto era el prometido “ Progreso”
Esto era el Progreso, y la brecha de la deshumanización no cesa de agrandarse mientras se siga viviendo por las mayorías domesticadas como si fuese normal todo lo anormal en esta comedia en la que no existen culpables si son demasiado poderosos, y mientras todos los demás o admiran o buscan imitar al magnate, al famoso o al que posea una supuesta autoridad competente. Pero ¿quiénes están detrás de las riquezas y de la llamada autoridad competente?...Lo peor de la Humanidad. Y los peores de la Humanidad tienen imitadores y cómplices: muchos. Les siguen hipnotizados por su aparente poder y quieren ser como ellos (ricos, poderosos, reconocidos). Los que así proceden se convierten en víctimas invariablemente. Y así se cierra el círculo de la gran comedia trágica humana: de estas víctimas viven las poderosas minorías del poder oscuro: los seductores.
Los seductores
En la gran comedia seductora de incautos destaca, cómo no, la religión con sus muchos guiones. Exhiben libros hábilmente condicionados (biblias, historia o códigos de Derecho) para justificar ante el mundo una supuesta legitimidad de las situaciones de privilegio de las jerarquías religiosas si se trata de Iglesias, o en los muchos Estados del Planeta, con sus propios Derechos constitucionales. Y quienes poseen esos códigos legales bien estructurados son reconocidos oficialmente por ello como reverendos, excelencias, señorías en Iglesias institucionales o Estados “democráticos” lo que no impide ser inmorales a los eclesiásticos o a los gobiernos olvidarlos cuando conviene, ni evita actuaciones criminales desde los poderes públicos. No existe justicia ni igualdad jurídica, solo leyes que se modifican o se interpretan según intereses de gobiernos o de jueces.
Así que que pese a todas las fachadas honorables con que se revisten las naciones “ civilizadas” y “ democráticas”, estas pueden fácilmente llenar de cadáveres cuando les conviene a otras naciones violentadas, aunque tengan los mismos títulos de “civilizadas y democráticas”, mientras las prisiones del mundo en todas ellas sin distinción están repletas de testigos incómodos que denuncian las injusticias, se niegan a ser imitadores o víctimas, o son roba-gallinas, que son los más abundantes. Y por supuesto: allí nunca entran los causantes reales, entre otras muchas razones porque los jueces pertenecen a su misma clase social o participan de su misma ideología. Esto es más que evidente y escandaloso en el caso de España, pero sucede lo mismo en cualquier otro país. Mientras haya capitalismo, esto no tiene solución.
La organización de los seductores poderosos y ricos del mundo oscuro ha llegado a tal grado de eficacia en el control de los cuerpos y las mentes, que pocos son los que escapan a sus tretas y redes, pues privados como han sido tantos seres humanos en todas partes de cultura crítica y de elementos espirituales de respuesta; presos en la inercia social del consumismo y los goces materiales como único sentido del existir, las masas enferman de inanición material y espiritual, pobreza mental y cultural y muchos otros males psicológicos y físicos producidos por una insana alimentación, el modo antinatural del vivir moderno, los trabajos semiesclavos en industrias y campos y el vivir sin esperanza.
Ay, conciencia
Para ser honrados, es preciso introducir la idea de que lo que sucede no sería posible si en el interior del alma humana no existiese un campo de cultivo propicio y acogedor para las malas siembras de los poderes negativos que dirigen el mundo. Sin embargo, conviene huir de dos tópicos: del tópico de Aristóteles afirmando que el alma es un libro en blanco al nacer (apropiado por las iglesias para negar la reencarnación que Cristo predicó) y del tópico de Rousseau en la misma dirección con su célebre principio de que el hombre nace bueno, pero lo corrompe la sociedad. Si eso fuese cierto, ¿ cómo se podría explicar que dos hermanos gemelos puedan ser uno bueno y el otro un mal sujeto?
Naturalmente, no cabe exculpar a cada uno de sus propias conductas para achacar a la sociedad o a sus dirigentes exclusivamente sus males, pues lo contrario sería negar el libre albedrío o suponer que este ha sido anulado totalmente por los poderes que rigen el mundo. Mucho poder, tienen, sí, pero tanto... Y aunque este sea el fin que estos pretenden, ( léase “ 1984”, o miren los discursos fascistas) aún no lo han conseguido, y con el tiempo veremos hasta dónde llega el uso de la IA. Ahora bien: la presión que se ejerce ya sobre la humanidad hace muy difícil a los más débiles vivir contra la corriente, y estos por comodidad, por miedo, por condicionamiento sociocultural y educativo, por la influencia de las redes sociales y por no poner en práctica las leyes divinas que proponen la libertad como base para el desarrollo de la evolución, se dejan llevar por la corriente, pese a sus efectos perversos.
¿Consecuencias? Cada día aumenta el número de enfermedades mentales y carencias sociales que llevan al robo, al crimen, a las drogas legales o ilegales, y al fanatismo, ( religioso o político por abajo, locura por dominar y tener, por arriba)mientras la respuesta colectiva es cada vez más débil porque la mayoría padece una de las peores enfermedades: resignación conformista y pasividad. Huyamos de eso como de la peste.
¿Cómo afrontar esta ola destructiva?
En esta situación parece más que evidente la necesidad de un profundo despertar de las conciencias a verdades que han sido profanadas, adulteradas, olvidadas y perseguidas durante siglos. Y ahora que estamos obligados a convivir entre diversas culturas en nuestras sociedades, tal vez sería apropiado buscar qué puntos esenciales son los comunes y libres de fanatismos culturales, religiosos, sociológicos y científicos y aprender a convivir entre nosotros según principios positivos en nuestras vidas cotidianas. Esto, como es natural, exige un trabajo de fondo, una depuración de conceptos que nos han sido transmitidos interesadamente por sus beneficiarios, y la identificación de nuevos paradigmas que nos conduzcan a una visión liberada y liberadora. Es preciso más que nunca agarrar el timón de nuestras vidas y no dejar que se nos marque el rumbo por algún interesado en recoger beneficios. Algunas reglas de conducta de validez universal como la Regla de Oro "Trata a los demás como tú mismo quisieras ser tratado", o "No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti", por ejemplo, forman pilares básicos de convivencia basados en la ley universal del amor. El amor, la compasión, el perdón y el respeto y la tolerancia basados en el cumplimiento de leyes universales como los Diez Mandamientos aceptados por todas las personas de buena voluntad, como el Sermón de la Montaña) conducirían a una convivencia pacífica, imposibilitarían las guerras y nos conducirían a ese mundo tan deseado de paz, libertad, unidad, igualdad, justicia y fraternidad , que supondrían el siguiente salto evolutivo de la especie humana.
Esta es la esperanza de una verdadera revolución , que no es violenta, que no se basa en partidos, iglesias ni institución alguna, porque opera en primer lugar en el corazón de cada persona, de cada uno de nosotros: esa es la revolución espiritual. De practicarse por una masa crítica suficiente conduciría inevitablemente a esa sociedad tan añorada por tantos y en cuya defensa millones de nuestros ancestros han perdido la vida y sufrido atrocidades. Así que se merecen todo nuestro respeto y admiración.
En esta revolución pacífica cada uno es la esperanza de los demás.
No hay otra salida. Que no espere nadie que puedan poner remedio a los males del mundo los mismos que lo dirigen hacia el abismo. Que no espere nadie que una revolución de las clásicas ("quítate tú, que me pongo yo") va a poner remedio a los males de nadie, pues de este tipo de revoluciones violentas ya hemos visto cuáles son sus frutos históricos. Y como nos dijo Cristo: "Por su fruto les conoceréis". Así que nadie espere que economistas, banqueros, políticos, papas, intelectuales, científicos, sindicatos, partidos políticos, comités de “sabios”, organismos internacionales o iglesias de cualquier nombre rimbombante van a proporcionar soluciones para salvar el mundo. Miren de frente nuestra obra colectiva: el mundo que tenemos ,la amenazante realidad que nos envuelve. No imaginen paraísos mientras sigamos estas pautas colectivas de diseño ajeno. Si nos dejamos arrastrar no podemos esperar más que un progreso negativo hacia lo peor : más guerras, más control policial y mediático, peores condiciones de salud y de vida. Todo eso lo estamos viendo avanzar por días a un ritmo vehemente y por eso este es un momento decisivo de la humanidad. Nunca como ahora se dieron circunstancias tan extremas y determinantes para cada uno, para nuestra especie y para el propio Planeta y todas sus formas de vida, y por lo que respecta a la nuestra nunca estuvimos tan cerca de nuestra extinción total.
¿Cuál es el grado de responsabilidad de cada uno? ¿Qué clase de pensamientos, sentimientos, y actuaciones aportamos cada uno? ¿Contribuyen nuestras aportaciones al cambio, o fortalecen lo que existe? Esto es lo determinante para la existencia de otra sociedad, para nuestra alma, para nuestro futuro, el futuro de nuestros hijos, y el de los hijos de sus hijos. Construyamos libertad, tolerancia, compasión, justicia. Cambiemos amorosamente con decisión el corazón y la piel de este mundo. Sabemos cómo hacerlo, podemos hacerlo.



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