
Por Patrocinio Navarro Valero
Cuatro de junio de 2026, sur de Italia: unos indivíduos bloquean las puertas de salida de los ocupantes de un automóvil y lanzan en su interior un líquido inflamable que provoca un incendio inmediatamente. Todos los pasajeros mueren calcinados excepto uno de ellos que lo puede contar, a pesar de sus serias quemaduras.
No es difícil imaginar la tremenda escena: los gritos desgarradores, el pánico, la desesperación, el miedo, los cuerpos ardiendo. No es difícil imaginar todo eso: lo difícil es imaginar por qué han sido asesinados de modo tan vil, a no ser que un testigo lo relate, y ninguno más autorizado que el milagroso superviviente. Se trata de trabajadores temporeros empleados en una finca agrícola que han ido a reclamar sus salarios a un escurridizo patrón. Y esta ha sido su respuesta: enviarles sicarios asesinos.



Un silencio culpable
Esta noticia es terrible, claro, pero lo que sigue también lo es: solo la he visto mencionada una vez, y sin comentarios, por esa misma prensa que nos tiene apabullados con tanto ruido político, económico y militar y hasta religioso. Puede parecer casual, pero no lo es, ese silencio general. De haber sido italianas, blancas, y con derechos las víctimas del auto, telediarios, prensa, comentarios, protestas sindicales y tertulias se harían inacabables, pero estos inmigrantes sin papeles carecen de derechos hasta tal punto que del perder el único- su propia vida,-no parece importar gran cosa.
¿ Acaso estamos lejos de normalizar el trabajo esclavo en esta sociedad desconcienciada y amnésica como se pretende normalizar los genocidios?
Miremos nuestro mundo por un segundo. Un exterminio salvaje sin igual y continuo en Palestina y Líbano, guerras en Europa y África, abusos sin fin de los ricos en países propios y ajenos, invasiones para robar recursos, regreso al fascismo en alguna de sus formas, desprecio a los débiles y a quienes tienen un color que no sea el blanco o unas creencias espirituales que no sean compatibles con las oficiales.
El crepúsculo de los derechos
El derecho a la paz, el derecho a tener hasta el mínimo vital, el derecho a las libertades públicas y a exigirlas está siendo restringido por días y a medida que van cambiando gobiernos hasta el derecho a la vida están siendo saboteados o cuestionados. La pena de muerte no desaparece: al contrario. Israel acaba de legalizarla y así quisiera legalizar sus propios crímenes contra los palestinos. Insisto en estas pregunta: ¿ está avanzando esta civilización más allá de sus artefactos técnicos, o retrocedemos al pasado como ya ocurrió con el genocidio indígena en América del Norte y el resto del continente, la explotación colonial en Asia y África o con el fascismo del siglo XX y las dos guerras mundiales? Preguntemos a Trump, Netayanhu, Zelenski, Putin, Milei, Meloni, Abascal o a cualquiera de su misma especie mental.Preguntemos a los reyezuelos del Golfo o a king Yong, si eso es pasado, o el camino a un presente contínuo con la ayuda de la IA.
Podemos sospechar hallarnos ante la gestación de algo que no parece novedad alguna cuando pensamos en quienes alimentan a la humanidad materialmente: los obreros y obreras de la gran colmena humana. O sea , cuando pensemos en todos los que alimentan a todos esos zánganos fascistas y fascistoides que se pavonean a diario en las pantallas de los que les alimentan y no cuentan más que como números productivos hasta el agotamiento.
¿ Es exagerado decir que en una sociedad civilizada es impensable la existencia del trabajo esclavo? ¿ Lo es en las nuestras , con sus inteligencias artificiales y su falta de conciencia en nuestros medios de comunicación, que apenas alcanzan a dar noticias de los abusos laborales y del trabajo esclavo en los campos de Europa, hasta el punto de que un asesinato como el comentado apenas si sale a la luz?
“Aviso para navegantes”, parece el mensaje del patrón asesino de estos jornaleros con el silencio cómplice de quienes callan ,vaya que tomemos conciencia del problema social de la existencia en nuestros campos de la civilizada Europa de inmigrantes semiesclavos o esclavos sin más que dependen enteramente de un patrón que a cambio de un chamizo de mala muerte y un salario miserable, y cobrado tarde, mal o acaso nunca, trabajan hasta diez o más horas. No quieren esos patronos explotadores que los demás sepamos que existen y malviven en sus campos trabajadores semiesclavos para que no pensemos en sus condiciones de vida, no vayamos a hacernos solidarios y exigir justicia a su lado y de paso impedir que tengan que jugarse la vida por exigir que se les pague su trabajo.
En la Edad Media no se hubieran atrevido los siervos de la gleba a exigir eso al cacique feudal. ¿Estamos de regreso poco a poco? Si repasamos las hemerotecas, podemos empezar a preocuparnos de las señales, no solo por lo que sucede en la agricultura semiclandestina, sino también en el resto, donde crece el número de personas que trabajan y no pueden pagar ni el alquiler de la vivienda y se ven obligadas a formar parte de las vergonzantes “colas del hambre” a pesar de cumplir con su trabajo diario.
Y lo terrible es que existe un continuum histórico
Esclavos de los antiguos imperios, siervos de la gleba medievales, almas muertas de los latifundios rusos, esclavos negros en las colonias africanas, o en los algodonales norteamericanos, esclavas sexuales en toda época y en todos los continentes, todos ellos son de la misma naturaleza social y consideración humana para una fracción mínima del resto de la humanidad: del 1 por ciento dentro de los humanos. Estos son, en diversos grados, los más des-almados y miserables responsables de la explotación de los inmigrantes sin papeles ni derechos en campos, en invernaderos, o en la construcción. Después de haberse jugado la vida -literalmente- hacinados y sufriendo en mares hostiles en busca de calor humano, libertad y seguridad han sido obligados a desprenderse de su dignidad nada más llegar a tierra. No de su dignidad espiritual, que está lejos del alcance de nadie, pero sí de lo más sagrado que un ser humano posee en este mundo: su libertad. Porque ya no es suya, porque desde que pisan tierra se hallan indefensos en manos de gentes que administran el ritmo de sus vidas, el espacio de su humillación cotidiana.
Todas y cada una de estas criaturas son parte de nosotros mismos si es que hemos despertado a la llamada de la conciencia ontológica, social o espiritual. Y quienes hemos despertado a alguna de esas formas de conciencia reconocemos al otro de una u otra manera en relación íntima con la propia condición, y nos hiere en lo profundo toda forma de avasallamiento, crueldad, des-humanización, cosificación o dolor que se provoque en alguien de nuestros semejantes y no solo, sino hasta en un simple animal maltratado.
Puede ser legal por decreto el trato a un humano como si fuese un animal de carga más, productivo en campos o fábricas, o peón de ajedrez en la industria de la construcción y en las guerra,scomo ha ocurrido en la Historia, y ocurre hoy mismo. Por lo mismo, pueden ser dueños legales de un semejante quienes gozan de poder por conquista o son capataces de los grandes propietarios de recursos de las naciones … Como tales, gozan del derecho a la propiedad o al uso y abuso de todo humano considerado inferior .
¿ Regresamos o progresamos? Ahí lo dejo.
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